|
“Mi esposo tomaba demasiado. Discutíamos mucho, de repente había golpes de por
medio. Prácticamente mi mamá nos mantenía porque no teníamos dinero ni casa
propia.
Le tomé mucho coraje a mi marido, quería abandonarlo
y buscarme otra persona. De hecho, llegué a desear que muriera.
Yo tenía asma y seguido me daban crisis. En
cuanto a mi carácter era agresiva, me portaba muy fría con mi marido; si él
trataba de ser cariñoso yo lo rechazaba, le decía que si no le gustaba mi
conducta, podía irse cuando quisiera. Descuidé el hogar por salir con amigos a
fiestas y tomaba a escondidas.
Cuando una amiga me trajo a la iglesia, me di
cuenta el mal que le estaba haciendo a mi familia y a mí misma. Le pedí a Dios
que me transformara, me aferré al Señor Jesús y el primer milagro que obtuve fue
haber sanado del asma.
En cada Campaña
de Israel he procurado brindarle lo mejor a Dios y eso ha hecho que me
responda. Los resultados de ello han sido que mi esposo salió del alcoholismo y
nuestra relación tuvo un cambio abrupto, ahora es excelente. También pudimos
hacernos de nuestra casa y de un auto. Acercarnos a Dios, es ayudarnos nosotros
mismos.” |