“
Las cosas que mi alma no quería tocar,
son ahora mi alimento. ¿Cuál
es mi fuerza para esperar aún? ¿Y
cuál mi fin para que tenga aún
paciencia? ¿Es mi fuerza la de las piedras,
o es mi carne de bronce? ¿No es así que
ni aun a mí mismo me puedo valer, y
que todo auxilio me ha faltado? El atribulado
es consolado por su compañero; aun aquel
que abandona el temor del Omnipotente. Pero
mis hermanos me traicionaron como un torrente;
pasan como corrientes impetuosas.” (Job
6:7, 11 – 15).
Hay situaciones que producen hartazgo en
el corazón y son muy difíciles de
aliviar. Ejemplos sobran: madres que lucharon
por sus hijos y hoy ellos ni les hablan. Hijos
que fueron desplazados por el vicio de sus
padres y hoy carecen de amor. Incluso, personas
que un día tuvieron todo y hoy no tienen
nada. En resumen: personas que nunca ha probado
las mieles de la dicha.
Ahora bien: juzgar desde afuera es fácil.
Los entornos abrumadores, la indiferencia de
la gente, el peso del tiempo que marca lentamente
la agonía, hacen que la vida pierda
color. Pero a Dios no le es indiferente el
sufrimiento. Cuando el pueblo de Israel se
creía al borde de un abismo, Él
mandó un mensaje a través de
su profeta:
“
Me dijo luego: Hijo de hombre, todos estos
huesos son la casa de Israel. He aquí,
ellos dicen: Nuestros huesos se secaron, y
pereció nuestra esperanza, y somos del
todo destruidos. Por tanto, profetiza, y diles:
Así ha dicho el Señor: He aquí yo
abro vuestros sepulcros, pueblo mío,
y os haré subir de vuestras sepulturas...
Y pondré mi Espíritu en vosotros,
y viviréis, y os haré reposar
sobre vuestra tierra; y sabréis que
yo el Señor hablé, y lo hice,
dice Dios.” (Ezequiel 37:11, 12 y 14).
Aún en los casos más adversos,
es posible revertir esa situación a
través de la fe. Si está cansado,
agotado de acumular derrotas, escuche la palabra
de Dios. Si lo hace, no cabe duda de que usted
alcanzará una vida más dichosa.
Amigo lector: use su fe para provocar
el milagro. Si Dios hizo posible
que un valle
de huesos
secos cobrara vida, mucho más puede
hacer por usted.
Como seguidores de las enseñanzas del
Señor Jesús, nuestra fe es probada
muchas veces, pues en infinidad de ocasiones
pasamos por pruebas de fuego y atravesamos
desiertos. Sin embargo, es en estos momentos
cuando percibimos cuál es nuestro estado,
es decir, si mantenemos viva nuestra fe o como
dicen las Sagradas Escrituras nos hemos enfriado.
Es muy importante reflexionar en cómo
se encuentra nuestra fe en Dios, porque, lamentablemente,
hay personas que se encuentran en término
medio, es decir, dicen ser cristianos, pero
no creen en las promesas divinas o llevan la
práctica del evangelio a su conveniencia.
A veces dicen creer en Dios, pero no le buscan
en el momento de aflicción.
Las personas con tibieza no son gratas
al Señor,
incluso Él hace una sentencia para ellos: “Yo
conozco tus obras, que ni eres frío
ni caliente ¡Ojalá fueses frío
o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no
frío ni caliente, te vomitaré de
mi boca.” (Apocalipsis 3:14-16)
Dicho en otras palabras, en el camino
con Dios no hay término medio, es todo o nada.
No podemos creer un día y al otro ya
no. El Señor nos pide una entrega completa,
porque Él se entrega de esa manera.
Nadie es obligado a hacerlo, pero si
queremos ver su bendición en nuestras vidas,
ese es el precio.
Sea sincero con Dios y si siente
que está frío
o vive en tibieza, busque a Dios para ser fortalecido.
Recuerde que Él siempre se mantiene
dispuesto a ayudarnos.
Quienes desisten de sus sueños pueden
tener diferentes razones, pero la mayoría
lo hace porque no soporta el tiempo de espera,
se sienten decepcionados y pierden la esperanza
de alcanzar su objetivo.
Cuando el ser humano abre mano de algo
que Dios puso en su corazón, la respuesta
es siempre la misma: frustración. La
tristeza viene por no haber logrado aquello
que tanto quiso, afectando incluso su fe y,
consecuentemente, provocando un enfriamiento
espiritual.
No hay victoria sin lucha. Es cierto que
algunas pruebas parecen interminables,
pero en todas
Dios garantiza la victoria. Mismo siendo
que el Señor Jesús dio al hombre
poder y autoridad sobre todas las cosas, hay
cristianos que dudan de eso.
Si una persona abandona una batalla a
la mitad, cuando decida volver, no
iniciará donde
se detuvo, tendrá que comenzar todo
de nuevo.
“
No os ha sobrevenido ninguna tentación
que no sea humana; pero fiel es Dios, que no
os dejará ser tentados más de
lo que podéis resistir, sino que dará también
juntamente con la tentación la salida,
para que podáis soportar.” (1
Corintios 10:13)
Es necesario examinar que tipo de
actitudes se han tomado para la
realización de
un sueño. Es indispensable usar las
armas correctas en el momento correcto. El
Señor dejó un consejo a sus seguidores:
contra castas de demonios, sólo ayuno
y oración. Miseria y males económicos,
dando a Dios el diezmo. Enfermedades del alma
se curan perdonando y pidiendo perdón.
Así en todo.
Aunque para muchos sea difícil reconocerlo,
desisten porque terminan dando oídos
a los bombardeos que Satanás lanza a
la mente de los hijos de Dios, con frases del
tipo; “Intentaste, pero eso no es para
ti, pues si fuese ya habría ocurrido”, “esa
no es la voluntad de Dios para ti”, “no
todas las promesas bíblicas son para
ti”, “algunos milagros sólo
ocurrían en el pasado”,
entre otras.
La receta para la victoria del
cristiano es simple: PERSEVERANCIA.
Grandes
mujeres como
Raquel, Ester, Débora y María
también enfrentaron los mismos pensamientos
e, independientemente de lo que decía
el mundo a su alrededor, conquistaron, alcanzaron
sus metas, tuvieron éxito y victorias. ¿El
secreto? Perseverancia.
Parece entonces que existe
una línea
tenue que divide el desistir y el sueño.
Todos los que osan soñar, pasan por
pruebas y dificultades. Algunas personas creen
que si dejan de luchar todo será más
tranquilo, por eso desisten, sin saber cuánto
dolor tendrán después.
La fuerza de un sueño es capaz de derrumbar
gigantes, murallas y tempestades. Todos los
que sueñan pasan por desiertos, pero
Dios sustentará con pan y agua a todos
sus siervos. No hay quien perseveró y
fracasó, la perseverancia tiene como
meta la felicidad y como meta la victoria.
No desista de sus sueños.
Expresiones de lamentos, críticas
y reclamaciones en este blog me recuerdan a
Moisés liderando a los hijos de Israel
hasta la Tierra Prometida. Él evidentemente
gemía en su interior cuando tenía
que juzgar los problemas que había entre
tres millones de personas. Reclamaciones, rebeldías,
disputas por animales perdidos, clamores por
pan, carne y, sobre todo, por agua eran ya
una costumbre en el desierto.
Aún
así,
Moisés no desistió. A fin de
cuentas, había una Columna en forma
de nube, durante el día, y en forma
de fuego durante la noche. Esa Nube jamás
se apartó de entre aquel pueblo (Éxodo
13.22).
Esa
nube era el Espíritu de
Dios.Él nunca se apartó de
su pueblo. Claro, los rebeldes murieron
en el
desierto y no heredaron la Promesa. Pero
sus descendientes hallaron el favor de
Dios y,
bajo el liderazgo de Josué, conquistaron
la Tierra Prometida.
Así también
acontece en los días de hoy. Muchos
han sido liberados de la esclavitud egipcia,
pero, bien por ser rebeldes, tímidos
o cobardes, van perdiéndose por
los desiertos del mundo.Pero los que
perseveran en obtener las Promesas, a
su debido tiempo,
tomarán posesión de ellas,
al igual que hicieran los hombres del
pasado.
Mis
amigos, he acompañado
sus “gemidos
inexplicables”. También
hemos tenido los nuestros… por
eso, lo entiendo bien.¡Pero el
Espíritu
Santo es con nosotros de la misma manera
que lo
fue
con nuestros padres en la fe!Se engañan
los enemigos de la fe, al pensar que
las angustias y tribulaciones disminuirán
nuestra confianza en el Dios de Abraham,
de Isaac y
de Israel. Al contrario, del limón
aprendemos a hacer una limonada; de la
flaqueza sacamos
fuerzas… de forma que cuando estamos
débiles, ahí es que somos
fuertes. (2 Corintios 12.10)Además
de eso, creemos que, al anochecer, puede
venir el
llanto, pero
la alegría viene al amanecer.
(Salmo 30.5)Reciba esa alegría,
en el Nombre del Señor Jesucristo.
“
Hizo lo recto ante los ojos del Señor,
conforme a todas las cosas que había
hecho David su padre. El quitó los
lugares altos, y quebró las imágenes,
y cortó los símbolos de Asera,
e hizo pedazos la serpiente de bronce que
había
hecho Moisés, porque hasta entonces
le quemaban incienso los hijos de Israel;
y la llamó Nehustán. En el
Señor Dios de Israel puso su esperanza; ni
después
ni antes de él hubo otro como él
entre todos los reyes de Judá. Porque
siguió al Señor, y no se apartó de él,
sino que guardó los mandamientos que
el Señor prescribió a Moisés.
Y el Señor estaba con él; y
adondequiera que salía, prosperaba.
El se rebeló contra
el rey de Asiria, y no le sirvió.” (2 Reyes 18:3-7)
La Bíblia dice que el rey Ezequías
confió en el Dios de Israel, porque
se apegó al Señor y no dejó de
seguirlo. Desde el rey Salomón hasta
Ezequías, fueron 12 reyes en Judá,
de los cuales, cinco hicieron lo malo delante
de Dios.
Cuando se refiere a Ezequías, Dios habla
de una forma muy especial, al punto de decir
que no hubo en Judá un rey semejante
a él. Los otros reyes que hicieron lo
correcto delante de Dios, confiaron en Él,
pero dejaron que el pueblo quemara incienso
a esa serpiente que Moisés había
levantado en los altos. Pero Ezequías,
cuando comenzó a reinar, acabó con
todo tipo y especie de idolatría. Él
entendió que unrey sólo no vencería
a sus enemigos. Entonces, además de
volverse al Señor, llevó al
pueblo a seguir su ejemplo, a confiar en
el mismo
Dios. No apenas a frecuentar el Templo, pero
tener una fe viva.
Hay personas que apenas frecuentan un
templo. No poseen una fe viva. Cuando
la fe es
viva, la persona anda, se mueve. La
viva reacciona
contra todo lo que es contra la familia,
la salud, los bienes y hasta la propia
salvación.
Reacciona contra las fuerzas del mal, lucha
contra las tinieblas. Pero, quien apenas frecuenta
un iglesia, no tiene esa fe viva, no reacciona,
no habla, no actúa, no se rebela contra
el mal y no combate aquello que quiere impedirlo
de conquistar, de vencer. La persona que
apenas asiste a una iglesia ve el problema,
pero no
reacciones, no tiene una iniciativa contra
aquello. Es destruida, tiene su fe muerta
y no puede hacer nada al respecto.
Ya los que tienen la fe viva dicen: “yo
no acepto esta situación, lo que está aconteciendo
con mi vida.” No son acomodados, como
aquellos que solo van a la iglesia para decir
que tienen una religión.
Su fe tiene que reaccionar a los
problemas, no aceptar las tinieblas,
combatir
en el dia a dia todo aquello que
trata de
llevarle
a
la destrucción.
El dia a dia de las personas que
tiene la fe viva es de luchas
y de conquistas.
Ella toma
actitudes que mueven la mano
de Dios en su vida.
Cuando usted vea a alguien conquistando
y a otro que dice: “ ya intenté de
todo, ya participé de todo pero mi vida
no cambia”, ya sabe por qué. Allí hay
dos tipos de fe: una viva y otra muerta.
Cuando alguien proyecta su futuro, piensa
y cree que cosas grandes van a acontecer
en
su vida y, cuando demuestra eso, a través
de palabras y actitudes, esa persona está viviendo
por la fe. Está escrito: “la
fe es la certeza de lo que se espera, la
convicción de lo que no se ve”.
(Hebreos 11:1).
Cuando nos referimos al Evangelio, no predicamos
una religión. En realidad, deseamos
que a través de la Palabra de Dios,
las personas despierten, piensen y opten
por cambiar el ritmo de sus vidas.
El Señor Jesús vinonpara traer
vida en abundancia para todos nosotros (Juan
10:10). Dentro de esa promesa divina está es
estilo de vida de las personas que tienen su
en Él. Quiere decir, quien verdaderamente
cree en Dios, tiene paz, duerme bien, tiene
salud, una familia bendecida y prosperidad.
No vive de apariencias.
El problema es que la fe de muchos es
apenas teórica, o sea, es una creencia emocional.
Por eso, en la primera dificultad, esas personas
se sienten desamparadas y se desesperan. Cuando
un ser querido se muere, es normal que quedemos
tristes. Sin embargo, nuestra vida no puede
ser enterrada también. Nuestra fe, racional
y práctica, hace que pensemos: “ la
vida continúa!”. Ese es el tipo
de fe que nos fortalece y nos impulsa a tomar
las actitudes correctas. Ella hace con que
no seamos guiados por el sentimiento, sino,
por el Espíritu que está dentro
de nosotros. Porque, ¿Cómo es
posible creer en un Dios tan grande y tener
una vida mediocre? Es mejor ser ateo, incrédulo
que decir que se cree en Dios y vivir una
vida miserable.
“
Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si
alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la
fe salvarle? Y si un hermano o una hermana
están desnudos, y tienen necesidad del
mantenimiento de cada día, y alguno
de vosotros les dice: Id en paz, calentaos
y saciaos, pero no les dais las cosas que son
necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha?
Así también la fe, si no tiene
obras, es muerta en sí misma. Pero alguno
dirá: Tú tienes fe, y yo tengo
obras. Muéstrame tu fe sin tus obras,
y yo te mostraré mi fe por mis obras.
Tú crees que Dios es uno; bien haces.
También los demonios creen, y tiemblan.” (Santiago
2:14-19).
Notemos que el texto bíblico deja
claro que apenas decir que se tiene fe no
salva a
nadie, pues hasta los demonios creen en Dios.
Frecuentar una iglesia y leer la Biblia,
no transforma vidas.
Esto no es para “robots”, sino
para seres humanos, dotados de inteligencia,
por eso, piense sobre lo que dice la Palabra
de Dios. Hay que liberarse de lo que no agrada
a Dios. Si buscamos a Dios y no hemos recibido
de Dios cosas grandes, la responsablilidad
es única y exclusivamente nuestra,
por no estar usando la fe adecuadamente.
Nuestra parte es ejercitar la fe,
obedeciendo la Palabra de Dios.
La parte de Él,
es hacer llegar a nuestras manos, aquello que
por lafe, determinamos para nuestras vidas.
Por lo tanto, hagamos nuestra parte. Coloquemos
nuestra fe en práctica.
Cuando Dios nos da Su Espíritu, Él
quiere realizar cosas grandes a través
de nosotros. Dios acostumbra hacer milagros
con la participación del hombre. Fue
necesario que el hombre existiera, para que
en sociedad con Dios, los grandes y notables
milagros que existen en la tierra acontecieran.
Pero, ¿Por qué no acontecen milagros
en muchas vidas? ¿Cuántas son
las personas que creen en el Señor Jesús,
que van regularmente a la Iglesia, que son
diezmadores fieles, ayudan la Obra de Dios
con donaciones, participan de la Santa Cena,
pero su vida es un caos? Tal vez usted es fiel
a Dios, pero no ha conquistado nada. ¿Por
qué?
Esa ha sido la pregunta de miles de cristianos
en todo el mundo. Personas sinceras que
viven marginalizadas, sin conquistar
nada de lo
que Dios prometió. En muchas puertas está escrito: “El
Señor es mi pastor y nada me faltará” (Salmo
23:1), sin embargo falta amor, salud, dinero,
etc…
Algunas personas escucharon hablar de
Jesús,
saben todo sobre Él, pero nunca tuvieron
un encuentro con Él. Jamás podremos
desarrollar la fe y conquistar sus beneficios
mientras no tengamos un encuentro con el Autor
de esa fe. Mucha gente ocupa los asientos en
la Iglesia los domingos en la mañana – algunas
personas todos los días de la semana – sin
embargo, viven amarradas, porque escuchan hablar
de Jesús, toman conocimiento de Él,
pero no han tenido un encuentro verdadero.
Mucha gente no conoce a Jesús como Él
es. Eso es terrible de aceptar pero es la realidad.
Cuando la persona tiene el encuentro con Dios,
ella tiene certeza de la victoria, eso la hace
perseverar en la lucha y lograr la victoria.
Muchos confiesan ha Jesús, hacen todo
lo que la Biblia enseña. Pero tales
personas en realidad siguen una religión,
un ritual, pero no conocen y no tuvieron una
experiencia con Dios.
Sin el encuentro con Dios las cosas
se tornan más difíciles y, las personas
viven trabadas, llevan una vida mezquina, todo
lo contrario de lo que está escrito
en la Biblia.
Quien nos revela
a Jesús es el Espíritu
santo. Dios es real, es el mismo hoy, mañana
y para siempre lo será.
Cuando Jesús pasó por aquí encontró un
pueblo enfermo, corrompido por el pecado y
totalmente alejado de Dios. Pocos eran los
que aún guardaban la fe. Los hombres
eran soberbios y el templo estaba lleno de
doctores en la ley que constantemente oraban
en las plazas públicas con el objetivo
de mostrar su “santidad” a todos.
La adoración genuina del templo de
David ya se había apagado del corazón
de casi todos los judíos. Aunque exaltaban
la memoria de Abraham, Moisés y otros
profetas, no actuaban como ellos.
Sin embargo, en aquella época, había
un grupo de personas en Jerusalén que
se diferenciaban de la mayoría. Eran
los sedientos de Dios, personas que querían
más que solamente escuchar lo que estaba
escrito en los papiros. Personas dispuestas
a adorar, amar, conversar, hacer de Dios su
mejor amigo. De esas podemos citar a María,
madre de Jesús, María Magdalena,
Lázaro y sus hermanas, los discípulos,
Zaqueo, y todos aquellos que, al conocer el
amor de Dios, se entregaron sin reservas en
Sus manos.
A pesar de que Jesús predicó para
miles de personas, muchas que Lo escucharon
se unieron a la multitud de aquellos que gritaron: “Crucifícalo
y suelta a Barrabás!” Jerusalén
no se dio cuenta de quien se trataba ni mucho
menos de la seriedad de lo que hacían.
Cuando Jesús, en un último recurso
en la cruz, dijo: “Padre perdónalos
porque no saben lo que hacen”, estaba
tratando con Dios exactamente de ese tema.
Jerusalén no tiene paz hasta los días
de hoy.
El momento se repite y parece que
las personas no consiguen observar
la proximidad
de Dios.
Hay un espíritu de avivamiento rodeando
este siglo y muchas personas no consiguen
ver o sentir absolutamente nada.
Los que están presos a la rama de la
vid no están solamente interesados
en las verdades, pero también en las
revelaciones. La verdad trata de donde Dios
estuvo y la revelación de donde está AHORA.
No se trata de servir bien a Dios,
de tener un carácter digno, ser bondadoso o
comprometido con la iglesia. Aquí estamos
hablando de intimidad con Dios. Solamente
esta proximidad puede abrir los ojos del corazón
del hombre, permitiendo que él vea
lo que está a su alrededor.
Si un hombre deja de alimentarse
durante un dia completo, seguramente
su organismo
se
sentirá débil. El alimento del
espíritu es la Palabra de Dios. Si
el dia tiene 24 horas y ni siquiera una hora
de ese dia puede ser ofrecido a Dios en oración,
lectura de la Bíblia o ayuno, el espíritu
está enfermo.
“
También debes saber esto: que en los
postreros días vendrán tiempos
peligrosos. Porque habrá hombres amadores
de sí mismos, avaros, vanagloriosos,
soberbios, blasfemos, desobedientes a los
padres, ingratos, impíos, sin afecto
natural, implacables, calumniadores, intemperantes,
crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores,
impetuosos, infatuados, amadores de los deleites
más que de Dios, que tendrán
apariencia de piedad, pero negarán
la eficacia de ella; a éstos evita.” (2Timoteo
3:1-5).