“… Cada uno esté plenamente convencido en su
propia mente.” (Romanos 14:5) La fe que trae beneficios depende de que las decisiones
estén bien definidas. De lo contrario, el diablo –a través de otras
personas- traerá a su mente opiniones diferentes con la finalidad de robarle su
fuerza.
Quienes son empresarios
saben que si a la hora de cerrar un negocio importante dieren oídos a la
opinión ajena, ciertamente corren el riesgo de no concretar la negociación. La
Iglesia Universal del Reino de Dios se guía justamente por ese espíritu. Es
claro que yo no soy todopoderoso ni sé todas las cosas, por eso consulto a mis
colegas cuando lo creo necesario. Sin embargo, existen ciertos asuntos que
prefiero no tratar con los demás y opto por actuar de acuerdo a mi fe. Si yo
preguntara, muchos podrían darme una opinión negativa y frenar mi avance.
Cuando hay una
fe, una certeza, usted no tiene que preguntar a nadie. Es Dios quien colocó eso
en su corazón, por lo tanto actúe según su fe. Esto es un secreto.
Los hijos de las
tinieblas, en ocasiones, se rigen por esa clase de convicción y de ese modo toman
posesión de grandes cosas, porque son decididos. Si no les funciona, ellos
comienzan de nuevo, pero van hacia adelante. Mientras tanto, los hijos de la
Luz suelen preguntar a terceros lo que deben hacer.
El día que dejé
atrás mi trayectoria laboral de 16 años por comenzar mi servicio al Señor
Jesucristo, lo decidí solo. No pedí opiniones. La fe es algo estrictamente
personal. No viva en la duda, pues esta es madre de desgracias.
La fe es el
Espíritu de Dios es acción. Una vez fundamentado en Dios, emprenda lo que
quiera, pues Él le respalda.
Muchos dicen que si estuvieran seguros irían hasta el fin. Si realmente creemos
en un Dios vivo, ¡debemos ir hasta el fin! Si usted no está en pecado y vive
una vida correcta, entonces tiene todo para triunfar. Esa es la fe que nos hace
conquistar.
“¡Mis entrañas,
mis entrañas! Me
duelen las fibras de mi corazón;
mi corazón se agita dentro
de mí; no callaré;
porque sonido de trompeta has
oído, oh alma mía,
pregón de guerra.” (Jeremías
4:19) ¿Cuánta gente
ha sido hecha trizas por permitir
que el corazón, desesperadamente
corrupto, se guíe
por el sonido de la trompeta
del
mal?
Además de las trompetas
de Dios, están las de
Satanás. Mientras las
de Dios emiten sonido de guerra
contra las fuerzas de las tinieblas,
las del infierno suenan para
ocasionar contiendas entre hermanos
(lea Proverbios
6:16-19). Las
palabrerías tontas y vanas
siempre hallan un corazón
agitado por la inmadurez espiritual.
Y las consecuencias, por lo general,
son irreversibles.
El diablo sabe cuán melindroso
y susceptible al error es el
corazón humano. Tanto
que él tiene una clase
es espíritus inmundos
trabajando específicamente
en esa área. ¡Esos
son los peores demonios! La Biblia
los llama espíritus engañadores.
Ellos no causan enfermedades,
ni accidentes y mucho menos suicidios,
sino que hacen creer a la gente
que está en el camino
correcto. Usan la Biblia y son
expertos en la práctica
religiosa. De esa forma, hay
quienes se dicen ser cristianos,
pero sus corazones, enfermos
de vanidad y orgullo, están
llenos de amargura, rencor y
odio.
Muchas veces hasta se unen
al enemigo en contra
de la obra
de Dios. Esa es la característica
principal del anticristo (lea
1 Juan 2:22 y 2 Juan
1:7). Pero ¿por
qué no se le identifica
inmediatamente como un mensajero
de Satanás? Es simple:
porque su manifestación
tiene apariencia cristiana. Aunque
tiene facha de piedad, ¡el
carácter del anticristo
es eminentemente engañoso!
Solamente quienes tienen el sello
del Espíritu Santo pueden
identificarlo como mentiroso.
El Espíritu de Dios revela: “Engañoso
es el corazón más
que todas las cosas, y perverso; ¿quién
lo conocerá?” (Jeremías
17:9) Siendo así, no sólo
cuidemos de nuestro propio corazón,
para no dejarlo engañar
con las inspiraciones diabólicas,
sino también de las palabras
que emitimos, para no herir el
corazón ajeno y, de ese
modo, condenarlo a la muerte
eterna.
¿Se ha
preguntado por qué se denigra
tanto el trabajo que realiza la
Iglesia Universal del Reino de
Dios? ¿Y en especial su
liderazgo? ¿Qué hay
por detrás de esa implacable
persecución?
Para el pueblo de Dios no es
desconocido que las entidades
infernales usan
y abusan de sus servidores
en la Tierra. Sin embargo,
lo que no
todos saben es que aquellas
personas son utilizadas
para monopolizar
la fe de una manera emotiva
y tradicional: una fe colorida.
Esa clase de fe ha conducido
a los individuos ingenuos
a aceptar las fantasías creadas por
la imaginación y las artimañas
de aquella gente, cuyo único
interés es exclusivamente
monetario. Ejemplo de ello es la
mercadotecnia aplicada a varias
celebraciones religiosas: navidad,
pascua, viernes de la pasión,
etcétera. Cada una de estas
ceremonias resulta magnífica
para la industria y el comercio.
El telón de fondo siempre
es la fe emotiva, haciéndose
pasar por un cristianismo auténtico.
Las reflexiones reveladoras
de la Iglesia Universal,
en la cual
promovemos la fe inteligente
(que no está sujeta a los sentimientos
y emociones), confrontan esa típica
forma de pensar. Y como es de esperarse,
esto provoca una verdadera revolución
en la sociedad, debido a que caminamos
en dirección contraria a
la de aquellos que sólo
están movidos por intereses
propios.
Si Dios en realidad existe,
conforme se ha creído desde el inicio
de la humanidad, ¿por qué no
solicitarle respuestas para nuestras
necesidades actuales? Si en tiempos
pasados Él atendió el
clamor de Su pueblo, ¿por
qué no habría de
atenderlo hoy?
Este es el tipo de fe
que satisface tanto
al propio
Creador como
a quienes creen en Él.
Y esto se debe a que en esta
fe existe
una coherencia.
O Dios existe o no
existe, no hay término medio. Pero, ¿cómo
saberlo?
Los hechos irrefutables
son la única
respuesta.
Que Dios bendiga
a todos.
Así como existen reglas
para conservar el equilibrio físico,
también las hay para mantener
el equilibrio espiritual. Para
que exista una armonía,
hay que evitar las actitudes
extremas o tendenciosas.
Por ejemplo, hay cristianos
sinceros luchando consigo
mismos por tener
una súper santidad, siendo
que la santidad es suficiente para
Dios ('santo' significa separado
del pecado). Ambicionar una santidad
mayor a la normal es señal
de orgullo espiritual. Cuando alguien
se dispone a exagerar en su fe,
acaba tendiendo hacia el fanatismo.
Por otro lado, están aquellos
que descuidan el cuidado y desenvolvimiento
de su fe, e incluso se permiten
convivir con una consciencia sucia.
No podemos inclinarnos ni para
un lado ni para el otro. Ni
aún
la justicia debe ejecutarse con
extremismo (lea
Eclesiastés
7:16) El equilibrio espiritual
mantiene la fe inquebrantable y
eso es lo que nos garantiza la
vida eterna. Cuando Josué fue
llamado para sustituir a Moisés,
el Señor le advirtió claramente: “Solamente
esfuérzate y sé muy
valiente, para cuidar de hacer
conforme a toda la ley que mi siervo
Moisés te mandó;
no te apartes de ella ni a diestra
ni a siniestra, para que seas prosperado
en todas las cosas que emprendas.” (Josué 1:7)
Dios nos ha dado espíritu
de dominio propio (2
Timoteo 1:7),
pero es necesario que cada uno
de nosotros materialice ese espíritu
en la forma de actuar y de pensar.
Por falta de autocontrol, mucha
gente es arrastrada hacia cosas
peligrosas y cuando quieren corregir
el rumbo se dan cuenta que ya no
se puede.
La Iglesia del Señor Jesucristo
tiene un cuerpo bien equilibrado
debido a que la cabeza es el propio
Señor. Es el Espíritu
de Dios quien conduce ese cuerpo
sobre las piernas de la fe y el
amor. La fe representa los dones
del Espíritu Santo, y el
amor representa Sus frutos (lea
Gálatas 5:22 y 23;
1 Corintios 12:4-11) El miembro que no se adapta
a caminar de acuerdo a esas dos
piernas, estará destinado
a la inestabilidad y la destrucción.
La fe y el amor necesitan estar
unidos en armonía para lograr
el perfecto desenvolvimiento en
la actuación de Dios.
“Si el mundo os aborrece,
sabed que a mí me ha aborrecido
antes que a vosotros. Si fuerais
del mundo, el mundo amaría
lo suyo; pero porque no sois del
mundo, antes yo os elegí del
mundo, por eso el mundo os aborrece… Si
a mí me han perseguido, también
a vosotros os perseguirán…” (Juan
15:18-20)
Con estas palabras, Jesús
dejó claro que la guerra es
constante en el mundo espiritual.
Cuando lo que nos regía era
la ley del mundo, éste nos
amaba, pero una vez que Dios nos
atrajo hacia Él y nos mostró la
vida eterna que se consigue por la
fe en Jesucristo, renunciamos al
mundo y, por ende, éste nos
odia. Aquellos a quienes agradábamos,
se volvieron enemigos y desde entonces
usan lo que esté a su alcance
para atacarnos; comúnmente
recurren a críticas o a palabras
enfocadas a infundir miedo. 'Diablo'
significa acusador, por lo tanto, él
echa mano de calumnias para intentar
destruirnos.
Una vez que usted se vuelve a
Dios, no espere que este
mundo le reciba
con los brazos abiertos y le
apoye. Si en verdad quiere
responder al
llamado del Señor, sepa que
tendrá que luchar, es por
eso que no puede subestimar la armadura
que Él nos da. Y esto es de
suma importancia ya que el objetivo
del mal es llevarle de vuelta a las
tinieblas. Tristemente, muchos no
se dan cuenta de eso y se dejan llevar
por las circunstancias, dejan que
su fe se adormezca, se estanque;
creen que no hay necesidad de estar
siempre equipados, menos cuando las
cosas están 'en calma'.
El mal insistirá en enviarle
personas que le hostiguen para hacerle
caer en sus trampas. Por eso debe
cuidar y defender su fe, siempre
elimine las dudas, no deje que se
aniden en su corazón. No siga
el juego de la provocación
del maligno, permanezca tranquilo
y espere en Dios, Él le protegerá y
recompensará su confianza
en Él. “Porque no tenemos
lucha contra sangre y carne, sino
contra principados, contra potestades,
contra los gobernadores de las tinieblas
de este siglo, contra huestes espirituales
de maldad en las regiones celestes.
Por tanto, tomad toda la armadura
de Dios, para que podáis resistir
en el día malo, y habiendo
acabado todo, estar firmes.” (Efesios
6:12 y 13)
Si
el búfalo tuviera conciencia
de la gran fuerza que posee, no estaría
dispuesto a someterse a trabajos
forzados. Esto mismo ocurre en relación
a quienes tuvieron un encuentro con
el Espíritu Santo. Si ellos
se percataran del poder que adquirieron, ¡jamás
se lamentarían de sus problemas!
El pueblo de Israel era esclavo
de Egipto. Su energía se había
agotado y la nación estaba
debilitada. Pero, al librar a los
israelitas de esa dura servidumbre,
Dios les dio la fuerza de un búfalo.
Usted que recibió el sello
Divino necesita saber que ese poder
no le fue dado sólo para hablar
en lenguas angélicas sino,
sobre todo, para mostrar que Jesucristo
existe, está con usted y quiere
estar con los demás.
Si su ser renació y Dios le
declaró propiedad Suya, esmérese
en servirlo. Plantéese grandes
objetivos, pues una vida de calidad
hará que otros reconozcan
en usted el favor de Dios. Si busca
bendiciones no para alimentar su
ego sino para que Dios sea glorificado, éstas
vendrán a su vida de forma
natural.
Evite que su corazón se agobie
por las preocupaciones, porque el
diablo sabe aprovechar esa debilidad
humana. En lugar de ello, canalice
su empeño hacia objetivos
mayores: agradar a Dios, ser salvo
y colaborar con la salvación
de otros.
“
Pero tú aumentarás
mis fuerzas como las del búfalo;
seré ungido con aceite fresco.
Y mirarán mis ojos sobre mis
enemigos; oirán mis oídos
de los que se levantaron contra mí,
de los malignos.” (Salmos
92:10 y 11)
Antiguamente,
cuando alguien era contaminado por
la lepra,
inmediatamente era confinado
a vivir fuera de la comunidad, solo
o con más leprosos. En ese caso,
misericordia y compasión desaparecían,
dando lugar a las censuras, críticas
y hasta condenaciones. Los religiosos
eran los pilotos de la condenación.
Usaban y abusaban ‘en el nombre
de Dios’ para juzgar y condenar
a los afligidos.
Los tiempos cambiaron, pero el
espíritu
de condenación se mantiene.
Hoy, muchos ‘cristianos’ han
tratado a los homosexuales como se
trataban a los leprosos en el pasado. ¿Por
qué? ¿Son más
santos que ellos? ¿Más
justos?
Nuestro Señor fue claro y objetivo
al respecto de ese comportamiento: “…les
dijo: El que de vosotros esté sin
pecado sea el primero en arrojar la
piedra...” (Juan 8:7)
Dios no nos ha dado autoridad espiritual
para juzgar o condenar a alguien, ¡al
contrario! Si alguien considera ser
de Dios, entonces sabe perfectamente
que su misión es ayudar al semejante. ¡No
juzgarlo o condenarlo!
Si queremos respeto a nuestra fe,
respetemos la fe y las decisiones
de las vidas
ajenas. Si ni Dios impone, ¿cuánto
más nosotros, meros mortales?
Pocos saben y entienden que la
hipocresía
es el peor de todos los pecados. Y
es justamente dentro de las instituciones
religiosas que más se encuentra
ese tipo de carácter.
Acaso las palabras: “No juzguéis,
para que no seáis juzgados.
Porque con el juicio con que juzgáis,
seréis juzgados, y con la medida
con que medís, os será medido” (Mateo
7:1 y 2), ¿no significan
algo?
La
ansiedad existe porque
el mal persevera en sugerir dudas,
miedos y preocupaciones.
En seguida propone soluciones rápidas
a través de consejos “amigos”.
Como hizo en la casa construida sobre
la arena: de rápida edificación,
pero muy débil y fácil
de derribar.
“¿
Aún no te has casado? ¡¡¡¡ayyy… estás
mal!!!! ¡¡¡¡Cuidado,
que no se te vaya a ir el tren!!!!”
Esa y otras tantas situaciones motiva
al miedo de que Dios no esté haciendo
caso a las oraciones. El tiempo pasa
y la ansiedad aumenta. Lo peor: todas
estas palabras de desánimo o crítica
vienen de personas usadas por el mal.
Por eso, es necesario avivarse
cada día
con actitudes de fe. Sólo ésta
disipa las dudas, miedos y ansiedades.
Cuando Pedro, usado por el mal,
quiso persuadir al Señor, para hacerlo
sentir mal respecto a su propósito
en este mundo, Jesús le dijo: “¡Quítate
de delante de mí, Satanás!” (Mateo
16:23)
Amigos, jamás olviden algo: quien
está mal, siempre será usado
por el mal para diseminarlo. Huya de
esa gente, aunque tengan apariencia de
ser de Dios. ¡Huyan ya!
No permita que otros le corrompan
a través
de palabras o ideas. Use su capacidad
de raciocinio y nunca se deje llevar
por las dudas de otros. La fe es personal
y si usted la mantiene, Dios pronto le
bendecirá. Aunque pase tiempo,
considere que mientras más grande
sea la lucha, más grande será la
victoria.
“
Bienaventurado el varón que no
anduvo en consejo de malos, ni estuvo
en camino de pecadores, ni en silla de
escarnecedores se ha sentado.” (Salmos
1:1)
:::
No espere que ocurra lo peor para
buscar a Jesucristo :::
Apocalipsis es
el libro que describe los eventos que
ocurrirán cuando el
Señor Jesús venga a esta
Tierra por segunda vez. A diferencia de
su primera venida, la segunda será en
un abrir y cerrar de ojos, sólo
un instante. Vendrá para llevarse
literalmente a quienes realmente lo obedecieron
y son hijos suyos. Los quitará de
este planeta y los llevará al cielo
aún vivos. Seguido de este hecho,
como su Espíritu también
será quitado de aquí, Satanás
oprimirá a quienes se queden. Estos últimos,
para ser salvos, tendrán que pagar
con su propia vida y resistir a las propuestas
diabólicas como la implementación
de la marca de la bestia.
Ahora, una pregunta viene: ¿por
qué esperar que ocurra una gran
tribulación para después
acercarse a Dios?
En el fondo del pozo, las personas
no tienen quien les ayude. Sólo pueden mirar
a lo alto para ver la luz, y gritar para
que alguien las rescate. Cuanto más
profundo sea el pozo, la persona tiene
que gritar más alto. Entonces, la
Gran Tribulación será tan
cruel que las personas se van a convertir
más que en la época actual.
Ahora estamos en un periodo de gracia.
Tristemente por ello, muchos desprecian
al Señor Jesús, rechazan
el mensaje de salvación, discuten
el Evangelio. Mientras no ocurre una tribulación,
la persona no se humilla ni se muestra
humilde, no se somete a la voluntad de
Dios.
Tal vez usted esté pasando por una
tribulación grande, pero no se compara
ni un poco a la Gran Tribulación
que vendrá.
Si usted está viviendo un sinsabor,
Dios quiere salvarlo ahora. Las manos de Él
están extendidas hacia usted. La
Biblia dice que el Señor está cerca
de los que tienen un corazón quebrantado,
y si usted desea esa salvación,
debe aceptar el señorío de
Jesucristo, reconocer lo que Él
hizo por usted. Él ya dio su vida
para salvarle, basta que usted lo acepte
y obedezca sus principios.
No espere que la Gran Tribulación
llegue, entregue ahora su vida a Dios,
obedezca sus palabras y disfrute de la
salvación y el consuelo de Dios
desde ahora. Él puede darle una
felicidad plena aún en esta Tierra
y consolarle por siempre en la eternidad.
Los
espíritus malignos, también
conocidos como demonios en las Sagradas Escrituras,
son seres caídos que intentan afligir
a la humanidad, colocando sobre los hombres
todo tipo de enfermedad, desgracia, infelicidad,
etc. El hombre es, por tanto, su blanco principal,
pues fue creado a imagen y semejanza de Dios.
Los demonios ansían apoderarse del
hombre y, con eso, alcanzar dos objetivos
principales: apartarlo de Dios y utilizar
su cuerpo para expresarse. La Biblia describe
a Satanás como el líder de
los demonios. Él fue creado por Dios
como un ángel con una noble misión.
Fue ungido como “querubín”,
siendo jefe de los demás ángeles.
Era tan hermoso que recibió el nombre
de Lucifer, que significa “lleno de
luz”. Estaba cubierto de piedras preciosas,
pero un día se halló iniquidad
en él, pues se enorgulleció y
quiso ser igual a Dios. Quiso asumir la posición
del Creador y tomar Su lugar.
Para eso, logró formar un grupo de
seguidores entre los ángeles. Todo
rastro de bondad, amor, paz y benignidad
fueron dejados de lado para dar lugar al
odio, maldad y destrucción. Cuando
Lucifer fue expulsado del cielo, llevó consigo
al grupo de ángeles rebeldes.
Lucifer se convirtió en el diablo
y los ángeles son los demonios. Hasta
hoy no han cesado de intentar destruir todo
lo que es de Dios. Usan el cuerpo de la gente
para llevar a cabo sus intentos malignos,
ya que ellos mismos no poseen cuerpo. Se
hacen pasar por guías o seres de luz,
espíritus de familiares muertos, profetas,
santos, etc.
De esta forma, consiguen entrar en
todo tipo de persona, llevando
la mentira, el engaño
y la destrucción de todas las personas
que están sin Jesús. Actúan
en el ámbito de la religión,
de la ciencia; encaminan al hombre a practicar
lo que causa repudio a la santidad de Dios.
A través de Jesucristo tenemos condiciones
de, en Su nombre, vencer todo mal y tener
un carácter semejante al del Señor.
Aquellos que desobedecen las Sagradas Escrituras
o se niegan a permitir que Dios influya en
su vida, son presas fáciles para los
espíritus malignos.
Sabemos que
la vida no depende de la suerte, de oportunidades,
de dinero
o incluso del grado
de instrucción escolar. La vida sólo
depende de la fe.
Los que son considerados como 'sabios'
en este mundo, tienen respuestas para
todas las cosas.
Pero cuando la crisis familiar, financiera
o de salud toca a su puerta… ellos no
saben cómo solucionarlo. Si a caso llegan
a resignarse.
El hecho es que cuando la fe está a
la baja, la duda está al alza. En ese
caso la solución parece imposible. La
persona queda postrada ante sus problemas,
aunque las dificultades realmente sean pequeñísimas.
Caso contrario, cuando la fe sube de nivel,
la duda quedará abajo. Por eso es que
quien tiene fe, ve los problemas, dificultades,
tribulaciones o cosas parecidas, como insignificantes,
aún cuando otros consideren insoportable
esa vivencia.
La gran dificultad está en mantenerse
en la fe. No basta tener fe sólo por
un tiempo, es necesario vivirla a cada instante.
A causa de eso es necesario cuidarla día
tras día y todo el tiempo. ¿Cómo?
Manteniendo la mente ocupada en las cosas de
Dios.
Hay quienes cumplen sus 'votos' con
Dios los domingos por la mañana. En seguida,
se relajan en la fe por haber cumplido su obligación
religiosa. ¡Eso es un grave error! El
adversario de la fe se aleja cuando la mantenemos
viva, pero al verla apagada o relajada, inmediatamente
avanza contra su presa.
Cuando se está en la fe, el cuerpo adquiere
luz delante de los demonios; pero en la duda,
el cuerpo queda apagado. Por eso se vuelve
presa fácil del mal.
Observe que los problemas siempre
surgen cuando la fe está a la baja, ¿no es
así?
Por eso el Espíritu Santo enseña
el combate de la fe para tomar posesión
de la salvación eterna (1 Timoteo 6:12).
Expresiones de sufrimiento, lamentos, críticas
y reclamaciones que recibo en mi blog, me hacen
recordar a Moisés, quien dirigió a
los israelitas en su tránsito hacia la
Tierra Prometida. Seguro que él gemía
en su interior cuando tenía que juzgar
los problemas de 3 millones de personas. Reclamos,
rebeldías, disputas por animales perdidos,
solicitudes de alimentos como pan, carne y
sobretodo agua, eran cotidianos en pleno desierto.
Aún así, Moisés no desistió.
A final de cuentas había una Columna de
nube durante el día, y una de fuego durante
la noche. Esa Columna jamás se apartó de
en medio de aquel pueblo (Éxodo
13:22).
Esa Columna era el Espíritu de Dios.
É
l siempre estuvo cerca de ellos, de quienes recibieron
la promesa de una vida mejor. Claro, los rebeldes
murieron en el desierto y no heredaron la Tierra
Prometida. Así también ocurre en
los días actuales; muchos son llamados
a la libertad que da Dios, pero, por ser rebeldes,
tímidos o cobardes, se pierden por los
desiertos espirituales y no logran la verdadera
felicidad. Del otro lado están quienes
deciden mantenerse fieles a Dios, creyendo en
las promesas divinas. A su tiempo, tomarán
posesión de ellas.
Mis amigos, yo sé que hay momentos en
los que usted se siente abatido, que se cansa,
que siente que ya no puede más… También
nosotros hemos pasado esas cosas… por eso
entiendo bien sus conflictos. ¡Pero el
Espíritu Santo está con nosotros
como estuvo con quienes entraron en la Tierra
Prometida! ¡Él nos cuida en este
trayecto! ¡Él no nos dejará morir
espiritualmente si nos mantenemos firmes y no
dudamos de Él!
Sinceramente, se auto engañan quienes
creen que angustias y tribulaciones disminuirán
nuestra confianza en el Dios de Abraham, Isaac
e Israel. Al contrario: nosotros del limón
aprendemos a hacer una buena limonada; de la
flaqueza sacamos fuerzas… de modo que cuando
estamos débiles es cuando somos más
fuertes (2 Corintios
12:10).
Además de eso, creemos que, si al anochecer
viene el lloro, la alegría vendrá en
la mañana (Salmos 30:5).
No reclame por los obstáculos, confíe
en Dios y haga uso de la fe, ejercítela.
Crea, ¡usted recibirá la alegría
de ser bendecido, en el nombre del Señor
Jesús!
Satanás constantemente sopla pensamientos
sucios además de dudas, con el objetivo
de arruinar la fe. En este asunto, desgraciadamente,
los no nacidos del Espíritu Santo tienen
gran dificultad para resistir, por lo que piensan
que están en pecado o pecando contra el
Espíritu Santo.
De una u otra forma, la resistencia a esas
palabras es obligatoria. A final de cuentas,
está determinado
que debemos resistir al diablo para que él
huya de nosotros (lea Santiago 4:7).
Hace un tiempo, alguien desesperada me comentó que
estaba siendo invadida por pensamientos satánicos.
Ideas por demás sucias que no tenía
ni valor para dar los detalles. Entonces,
tuve el privilegio de ayudarla con mi experiencia
personal:
Cuando tomé la decisión de abandonar
el pecado y hacer la voluntad de Dios, también
fui atacado en la mente por pensamientos relacionados
a Dios y al sexo. No es necesario dar detalles
porque quienes también tomaron esta decisión,
seguramente pasaron por eso.
En aquella ocasión, por no tener experiencia
en la fe, aquello me perturbó, incluso pensé que
pecaba contra el Espíritu Santo. Sin entrar
en pormenores, busqué al pastor de la Iglesia
y le comenté lo que me ocurría. Él
oró por mí y quedé libre de
aquello. Pero, hace poco más de dos años,
los mismos pensamientos comenzaron nuevamente
a invadir mi mente.
En aquel preciso momento, guiado por el
Espíritu
Santo, dije al diablo: ¡Escucha bien Satanás!
A partir de ahora, todas las veces que me soples
esa basura, yo voy a glorificar a mi Señor
Jesús. Actué así porque sé que él
odia que adoremos a Dios.
A partir de entonces quedé libre, no sólo
de los pensamientos sucios sino también
del miedo a que vengan. Aún así él
ya reintentó dos veces, pero a cada intento
inmediatamente comienzo a glorificar a mi amado
Señor.
Creo que este tipo de problema es muy
cotidiano en aquellos que están próximos a
nacer de Dios. No busque distraerse, enfréntelos
con adoración y vénzalos.
Si usted está viviendo esto, no tenga miedo
ni se preocupe. Esa es una señal de que
usted está en el camino correcto.
Recuerde: Ser tentado no es pecado,
pecado es caer en tentación.
No hay como agradar a Dios sin el ejercicio de la
fe en su Palabra. Esto significa practicar y obedecer
Su Palabra.
El Señor Jesús dice claramente: “El
que tiene mis mandamientos y los guarda, ése
es el que me ama; y el que me ama será amado
por mi Padre; y yo lo amaré y me manifestaré a él” (Juan
14.21)
Asistir asiduamente a la iglesia, no hacer mal
a nadie o vivir una vida religiosa basada en
tradiciones no significa necesariamente practicar
la Palabra
de Dios. Su práctica incluye acción,
que casi siempre está en discordancia con
lo que está de moda y con el mundo.
Por ejemplo, para el mundo, es normal la práctica
del sexo siempre que a uno le apetezca, pero para
los que aman al Señor Jesús, el sexo
sólo puede ser practicado después
del matrimonio. No importa si es hombre o mujer.
Es decir: todo lo que está de moda pero es
contrario a la disciplina Divina, desagrada a Dios.
Pero alguien puede decir: “pero eso es muy
difícil…”
¡
Efectivamente! Pero para ello está la profecía: “Porque
estrecha es la puerta y angosta la senda que lleva
a la vida, y pocos son los que la hallan” (Mateo
7.14)
¡
Manda quién puede y obedece quien tiene
juicio!
El
amor es la base de la relación del ser humano
con Dios y con su prójimo; pero la mayoría
de la gente ha confundido amor con sentimiento. Un
mendigo herido y tirado en la calle causa sentimiento
de compasión en aquellos que lo ven. Sin embargo, ¿cuántos
tienen el coraje de extender la mano y ayudarlo?
El Señor Jesús muestra claramente la
diferencia entre el “amor sentimental” del
amor verdadero en el siguiente pasaje:
“
Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó,
y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron;
e hiriéndole, se fueron, dejándole
medio muerto.
Aconteció que descendió un sacerdote
por aquel camino, y viéndole, pasó de
largo. Asimismo un levita, llegando cerca de aquel
lugar, y viéndole, pasó de largo. Pero
un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él,
y viéndole, fue movido a misericordia; y acercándose,
vendó sus heridas, echándoles aceite
y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al
mesón, y cuidó de él. Otro día
al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero,
y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de
más, yo te lo pagaré cuando regrese.” (Lucas
10:30-35)
El verdadero amor es dirigido al prójimo, independientemente
si es un ser querido, amigo o extraño. De hecho,
será mayor si tuviera que ser mostrado hacia
un extraño que se encuentre afligido o desvalido.
Ese tipo de amor es paciente, es benigno, no
tiene envidia, no es arrogante, no se enaltece,
no se
porta indecorosamente, no busca sus propios
intereses, no
se irrita ni tiene en cuenta el mal recibido.
Vea que el amor verdadero envuelve mucho
sacrificio. Por eso, todo lo sufre, todo
lo cree, todo
lo espera, todo lo soporta.
El amor sentimental sólo envuelve emoción,
pasión, egoísmo, celos, contiendas,
enemistades y hasta asesinatos.
Así, podemos entender que cuando Dios habla
de amor se refiere a algo sublime, puro y que toma
como base el sacrificio. El principal placer del
amor que viene de Dios es el hecho de dar.
El diablo se ha encargado
de soplar dudas para que así la fe verse amenazada. Dichas
dudas generan otras dudas. Es como una bola de nieve.
El miedo, pavor y terror se instalan en lo más
profundo de sus víctimas culminando en la desesperación
y conduciendo al fracasado para el abismo.
Por otro lado los nacidos de Dios saben que satanás
es un derrotado. ¡Él fue derrotado, es
derrotado y será siempre un derrotado!
Pero esto no significa que él está muerto
sino que su poder maléfico sólo prevalece
cuando las semillas de las dudas encuentran terreno
fértil, y este terreno fértil se encuentra
en aquellos que no viven por la fe.
Si dejamos espacio para la duda, la fe se retrae
y acaba distanciándose. Y es ahí donde
surge el conflicto entre la fe y la duda.
Dios habla a través de la fe. La Voz de Dios
es la voz de la fe. Por otro lado, el diablo también
habla por medio de la duda. Su voz es la voz de la
duda.
Si nos rendimos a las dudas, fortalecemos
al diablo y enflaquecemos al Espíritu Santo en nuestra
vida. Pero si combatimos las dudas con la fe en las
profecías, neutralizaremos la acción
del diablo y de todo su ejército.
“…
y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días,
hasta el fin del mundo”. (Mateo 28.20)
Entonces, ¿para qué Él prometió estar
con nosotros? ¿Para ser testigo
de nuestra derrota? ¡
No! ¡¡¡Mil veces, no!!!…
Él está con nosotros para garantizar el cumplimiento
de cada una de Sus promesas. Es decir,
garantizar la victoria de aquellos que están
convencidos de ellas.
Es mejor morir en la fe que vivir
en la duda. ¡Mejor
aún es vivir en la fe, por la
fe y de fe en fe!
Si Dios es Espíritu, ¿por
qué Él estableció a su pueblo
la práctica de dar los diezmos y las ofrendas?
En el Antiguo Testamento las leyes de dar los diezmos
y las ofrendas se crearon para juzgar los corazones
del pueblo de Dios al entrar en su presencia (Éxodo
23:15).
Tales leyes no fueron reveladas a los paganos ni
a los creyentes, porque era un privilegio reservado
sólo
para aquellos que le pertenecían a Él.
Ser diezmista es un reconocimiento práctico
de que Dios es Señor de todo el universo, incluyendo
la vida de aquel que da el diezmo. Desde el momento
en el que el diezmo es el primer fruto de todo lo que él
tiene, esto revela cuáles son sus prioridades
de fidelidad.
Gastar los primeros frutos en uno mismo y,
a continuación,
colocar el otro 90% en el altar muestra que no se ve
a Dios como el Señor de todo.
Dios estableció el diezmo. Sin embargo, las
ofrendas dependen de cada persona.
Mientras que los diezmos son una cantidad
exacta (10% de los ingresos), y las ofrendas
no lo son! Son una expresión espontánea
del corazón,
viene de la alegría de su alma en
dar (2 Corintios 9:7),
y muestran exactamente lo que hay dentro
del
ofrendante. Al igual que en la entrega
de un regalo, el receptor puede medir el
grado de amor de la persona
que dio el regalo según lo que él
recibió.
Lo mismo ocurre con las ofrendas. La ofrenda
habla del ofrendante y expresa a Dios
lo que el ofrendante
no puede decir en palabras. Refleja un
sincero amor o una falta de consideración hacia Él.
Las ofrendas también son testimonios, ya sea
en favor o en contra del dador. Quien se queja a Dios
de tener una vida “cristiana” sin calidad
sólo tiene que mirar para sus propias ofrendas
para esa respuesta. “Dad, y os será dado;
medida buena, apretada, remecida y rebosante, vaciarán
en vuestro regazo. Porque con la medida con que midáis,
se os volverá a medir” (Lucas 6:38).
El valor de una ofrenda no está en su cantidad,
sino en su calidad. En Lucas 21:2-4, el Señor
enseña que, a los ojos de Dios,
lo bueno es enemigo de lo mejor.
La
fe sobrenatural no es sólo
un instrumento que nos conduce a la salvación
eterna, también es una herramienta de autoridad
espiritual. Las naciones de todo el mundo han sido
dominadas por las fuerzas espirituales del mal.
Tragedias y desastres son consecuencias de esas
fuerzas.
Pero, los nacidos del Espíritu, a pesar de vivir
en este mundo, no están sujetos a las fuerzas
malignas, a menos que no hagan uso de la autoridad
de la fe que Dios les ha proporcionado. Él dio
a Moisés el cayado como herramienta de autoridad
para manifestar Sus gloriosos hechos. Hoy, Él
ha dado a Su pueblo el cayado de la fe para vencer
el “Egipto” de este mundo.
Si tal herramienta ha sido usada contra el mal
o no, esa es otra historia pero la autoridad
Divina
ya fue
otorgada a sus seguidores. Vea el mensaje del Señor
Jesucristo a sus discípulos: “Mirad, os
he dado autoridad para hollar sobre serpientes y escorpiones,
y sobre todo el poder del enemigo, y nada os hará daño” (Lucas
10.19).
Por lo tanto, amigo lector, ¡el poder está en
tus manos para neutralizar todos los males que te atacan!
La fe es el poder y la autoridad de Dios a tu disposición. ¡Úsala!…
La
vida familiar es
de suma importancia, por eso son buenos los consejos
que recibimos a la
luz de la Palabra de Dios a cerca de la vida sentimental.
Constituir una familia, un hogar, un matrimonio,
es la mayor inversión que el ser humano puede hacer
aquí en la tierra después de la alianza
con Dios.
Y uno tiene que ser precavido a la hora de tomar
esa decisión, principalmente a los 16, 17 años,
cuando los sueños afloran con facilidad.
Casarse es algo que todo el mundo quiere, porque
nadie quiere quedarse soltero para toda la vida.
Por eso mi esposa Ester, antes de casarse conmigo
ella tenía claro cuál era su prioridad en
referencia al matrimonio. Al tener ejemplos en su familia
de matrimonios fallidos, no quería que sucediese
con ella lo mismo. Por eso, ella siempre pedía
en sus oraciones a Dios que fuera hecha la voluntad
de Él y no la de ella.
De hecho, ella tuvo una relación que no salió bien
y que ella pudo darse cuenta de que no era para ella
esa persona gracias a la sinceridad de su corazón
y a su deseo de que se hiciera la voluntad de Dios
por encima de todo. Y fue así que Dios pudo
mostrar.
Lo mismo aconteció con Cristiane, ella quería
casarse con alguien que fuera de la voluntad de Dios
y no fuera elegido por sus sentimientos, que en definitiva
iban a provocar el ser engañada por su propio
corazón. Ella quería casarse con su primer
novio, y apareció Renato, ella quiso tener la
certeza que él era de la voluntad de Dios, así que
pidió a Dios que le mostrara, al igual que Gedeón
hizo. Dios mostró que era de su voluntad aquella
relación, y muestra de eso es que hoy son felices
y ayudan a otros a serlo también.
Por eso, uno de los mejores consejos que
usted puede recibir de mi parte es que
siempre anteponga
la voluntad
de Dios a la suya propia, pues Él conoce que
es lo mejor para cada uno de nosotros.
¿Cuántos están
divididos entre dos pensamientos? En la orientación
de la fe de la Universal, oyen que Dios es rico y que
por lo tanto ellos también tienen que ser ricos;
en la orientación que se da en otros lugares
que no son de la Universal, oyen que la fe solo sirve
para conformarse con la situación que viven
y hasta hay que agradecer a Dios por ella.
En la orientación de la Universal, la fe es
indignación, guerra, es la espada que hay que
llevar en la mano para derrotar a los enemigos, mientras
que en la orientación que se da en otros lugares
que no son de la Universal, la fe es paz y amor.
En la orientación de la Universal, la persona
tiene que sacrificar para conquistar, mientras que
en la orientación que se da en otros lugares
que no son de la Universal, se enseña que no
es preciso sacrificar, porque Jesús ya sacrificó por
nosotros.
Cuando David decidió enfrentarse al gigante,
sus hermanos lo criticaron y le dijeron que él
era presuntuoso y lleno de maldad (1 Samuel 17.28).
David venció a Goliat porque sólo oía
una voz, la voz de Dios.
Hoy Dios está buscando personas vestidas con
el espíritu de indignación, que estén
conscientes de todo lo que Él quiere hacer en
sus vidas y no se dejen influenciar por los hermanos
envidiosos, que sólo saben criticar y, muchas
veces, son piedras de tropiezo para la conquista de
las grandes victorias.
Mis amigos, este es el momento de tomar una
decisión
de fe y coraje: ¡O DIOS ES AQUELLO QUE PROMETE
SER PARA NOSOTROS, SUS HIJOS, O ÉL NO LO ES! ¡ES
TODO O NADA! ¡LO QUE NO PUEDE ACONTECER ES QUE
LA GENTE CREA EN UN DIOS TAN GRANDE Y VIVIR UNA VIDA
TAN MISERABLE! PAREMOS DE ESTAR ENTRE DOS PENSAMIENTOS
Y SEGUIR LA VOZ DE LA FE, que es la voz de la indignación
y, ciertamente, la voz de Dios contra el diablo y su
séquito.
Quien esté con nosotros tendrá que tener
una fe guerrera y decisiva y así será victorioso
como nosotros. Pero quien no es con nosotros, por favor,
salga de nuestro camino porque nosotros vamos a pasar
como una apisonadora.
¡
Sean bendecidos aquellos que creen y viven en esta
fe en nombre del Señor Jesucristo!
Es
impresionante cómo Dios se
manifestaba en el pasado y continúa manifestándose
a través de personas escogidas por el espíritu
de indignación que caracterizan sus vidas.
David, por ejemplo, no fue escogido por los bellos
ojos que poseía, y sí a causa de la indignación
que había dentro de él. Prueba de eso
fue cuando un león tenía una oveja en
la boca, David lo agarró por la barba, lo hirió y
lo mató. Cuando supo del desafío del
gigante Goliat, se indignó y preguntó quien
era aquel incircunciso que osaba desafiar al ejército
del Dios Vivo.
Ahí estaba la diferencia entre él y sus
siete hermanos, que, aún siendo fuertes, llenos
de habilidades y a pesar de ser soldados del ejército
de Israel, estaban escondidos y con miedo de aquella
figura gigantesca.
David era tan pequeño que no consiguió salir
a la batalla con la armadura ofrecida por Saúl.
Sin embargo, delante de Goliat, manifestó la
fe de la indignación usando palabras que no
eran convenientes en una situación de tanta
desigualdad. “El SEÑOR te entregará hoy
en mis manos, y yo te derribaré y te cortaré la
cabeza. Y daré hoy los cadáveres del
ejército de los filisteos a las aves del cielo
y a las fieras de la tierra, para que toda la tierra
sepa que hay Dios en Israel” (1 Samuel 17.46).
¿
Como Dios podría abandonar a David? En aquel
momento, era vida o muerte ¡Todo o nada! Y el
final de la historia fue igual a la de todos los que
se lanzan. El gigante fue derrotado, David recibió la
recompensa prometida por el rey, pasó a ser
apreciado, tenido en cuenta por todos y, hasta hoy,
es honrado en Israel.
Hoy, la Iglesia Universal del Reino de Dios,
por estar en casi 200 países, y también debido
a su fuerza en los medios de comunicación, es
vista por muchos como un fenómeno. Sin embargo,
para nosotros, nada de eso importa. Lo que realmente
hace la diferencia es la constante insatisfacción
provocada por la constatación de que los incrédulos,
que no tienen nada de Dios en sus vidas, triunfan porque
son insistentes, trabajan fuerte y, algunas veces,
hacen hasta pactos con el diablo.
Como el caso de una señora que no tenía
nada, vivía de favores de uno y de otro y, después
de hacer un pacto diabólico, se hizo dueña
de una de las mayores cedena de tiendas existentes
en el mundo. ¿Es indignante o no? El Señor
Jesús dijo “…porque los hijos de
este mundo son más sagaces con sus semejantes
que los hijos de la luz” (Lucas 16.8).
¿
Será que nosotros, que somos de Dios, vamos
a aceptar eso? ¡No! ¡Mil veces no! Tenemos
que cambiar esa situación. ¿Como podemos
aceptar servir a un Dios tan grande y poderoso y vivir
una vida derrotada?
Fue lo que Abraham dijo para Dios: “…he
aquí, no me has dado descendencia,
y uno nacido en mi casa es mi heredero” (Génesis
15.3).
En otras palabras, lo que él
quería decir
era que la promesa estaba con él,
sin embargo, la herencia sería
del esclavo. Hoy es la misma cosa. El
cristiano tiene la promesa de Dios, como
dijo
el Señor Jesús: “… yo
vine para que tengan vida, y la tengan
con abundancia” (Juan
10.10). ¿Por qué habla
esto entonces? ¿Por
qué tanta gente derrotada dentro
de las iglesias, inclusive de la nuestra?
El hecho es que falta una definición con relación
a la fe que la persona profesa.
En
la relación con Dios, es
fácil ser perdonado y recibir la salvación,
pero es difícil permanecer en ello.
“
No penséis que he venido para traer paz a la
tierra; no he venido para traer paz, sino espada." (Mateo
10:34) Pocos tienen el discernimiento de los costos
de la salvación. El precio que se exige para
tenerla es tan alto que muchos predicadores, con el
fin de facilitarla, prefieren eliminar la palabra sacrificio
del su vocabulario. Estos predicadores parecen ignorar
lo que está escrito: “porque estrecha
es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida,
y pocos son los que la hallan." (Mateo 7:14)
Yo pienso que si la salvación eterna fuera tan
simple y fácil nadie se perdería. No
habría ni fríos ni calientes, incluso
el Señor no se hubiera tomado el tiempo de mencionarlos
en sus cartas a las iglesias: "… Al que
venciere, le daré a comer del árbol de
la vida, el cual está en medio del paraíso
de Dios." (Apocalipsis 2:7) ¿A qué clase
de vencedor se refiere cuando dice estas cosas?
Sabemos que el que gana es aquel que lucha. El
que marca la diferencia, destaca entre los demás
y vence. Cuando el asunto es en el terreno espiritual,
el vencedor es aquel que lucha hasta la muerte
y se mantiene salvo.
La salvación del alma es como el casamiento:
es decir, es fácil casarse, pero no resulta
nada sencillo mantener el matrimonio. En el relacionamiento
con Dios, es fácil ser perdonado y obtener la
salvación, lo complicado es mantenerse salvo.
¿
Qué tipo de lucha debe tener una persona para
resultar vencedora ante los ojos del Señor Jesús?
Pues la lucha de vencer las tentaciones de la carne
y la batalla que enfrenta entre hacer su voluntad u
obedecer a la palabra del Señor.
Amigo lector, tenga en mente una cosa: no
hay vencedor sin una lucha previa, este
es un requisito
primordial
para obtener la victoria. Nada en la vida
es gratis, todo requiere un precio que
no necesariamente
es
monetario, en el caso de la salvación, el
precio es netamente espiritual.
Porque el vencedor no es aquel que cree
que lo es, ni el que acumula gran conocimiento
bíblico
o que dice tener mucho tiempo de convertido, el ganador
es el que domina al pecado y lo hace desde el momento
en que conoce al Señor Jesús hasta
que muere.
No se confunda, si usted ya obtuvo la
salvación
y el perdón de Dios, es momento de cuidar lo
que Él le ha dado.
::: Dios
no es un ser físico, es un ser espiritual :::
Hay quienes anteponen
los sentimientos a la fe. Siempre quieren mirar para
creer, incluso
cuestionan la existencia de Dios porque argumentan
que nunca lo han visto, pero Dios es netamente espiritual.
Si Él fuera un ser físico, se comunicaría
con nosotros de una manera física, como hizo
Jesús cuando estuvo aquí en la Tierra.
Si fuese alma, el canal de comunicación con
la criatura humana sería el corazón.
Pero como Él es espíritu, se comunica
con nosotros de una manera estrictamente espiritual.
En otras palabras, Su Espíritu se comunica directamente
con nuestro espíritu -que reside en la razón
o mente-, y por la fe, nuestro espíritu se comunica
con el Espíritu de Dios. No hay gran ciencia
en eso, porque es sólo cuestión de creer.
Este tipo de relación no nos obliga a usar el
intelecto, sólo nos pide que dejemos de lado
las emociones y los sentimientos, de tal manera que
podamos usar la fe racional. La fe no tiene nada que
ver con los sentimientos, pero si tiene que ver en
gran manera con la convicción de que Dios hará lo
que prometió que haría.
No obstante, la mayoría de los “creyentes” son
poseídos por espíritus engañadores,
ya que han usado la fe de una manera emocional. Pero ¿por
qué ocurre esto? Simple, porque ellos no han
nacido del Espíritu. Ellos “sienten” la
presencia de Dios en la Iglesia, pero al salir de allí automáticamente
vuelven a manifestar esa fe débil, se desaniman
e incluso piensan en desistir a la menor provocación
o al mínimo problema que se les presenta.
Este tipo de personas hasta puede conseguir algunos
milagros, pueden haber aceptado a Jesucristo
y reunir ciertos conocimientos bíblicos, pero eso no
significa que haya nacido de nuevo. Amigo lector, entienda
una cosa: la fe sobrenatural está relacionada
con la razón y no con las emociones o los sentimientos. Ésta
sale a la luz cuando las luchas se manifiestan.
La carne milita contra el Espíritu y, de igual
manera, el Espíritu lucha contra la carne. En
la Biblia la carne simboliza un corazón corrupto.
¿
Usted recuerda lo que el Señor Jesús
habló al respecto del corazón?
“…
.porque del corazón salen los malos pensamientos,
los homicidios, los adulterios, las fornicaciones,
los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias.” (San
Mateo 15.19)
Siempre
es la misma historia… ya
sea en internet, televisión, prensa o radio
hay alguna nota que tiene a la Iglesia Universal entre
sus líneas, y al prestar un poco de mi atención,
noto que no hay diferencia: son los mismos argumentos.
Datos imprecisos sacados de internet e información
tergiversada. Periodistas amarillistas que, con el
fin de aumentar su producción, atacan la fe
del pueblo de Dios.
Lo que leo respecto a mi persona tampoco varía.
Edir Macedo es un ex presidiario, estafador, un ladrón
que utiliza el nombre de Dios en vano, haciéndose
cada vez más rico. Además de la circulación
de unas fotografías de una ‘supuesta’ casa
que me pertenece y que sobrepasa la excentricidad.
Sin embargo, más allá de preocuparme,
me da la fortaleza para seguir adelante, por la falsedad
de sus declaraciones. Ese tipo de luchas y difamaciones
me afianzan más a Dios, pues el Señor
Jesús ya la había anunciado:
“Y
seréis aborrecidos de todos por causa de mi
nombre…”
(Mateo 10:22)
A título de comentario a los amigos y, especialmente
al pueblo de la Iglesia, me gustaría hacer
algunas anotaciones interesantes.
¿
No será más bien un sentimiento
de envidia el que los motiva a atacar a una
iglesia
bendecida
por Dios?
¿
Ellos me acusan porque son honestos, íntegros,
verdaderos y santos?
Y si la santidad de ellos es tan resaltada, ¿por
qué no son tan bendecidos por Dios como a ellos
les gustaría? ¿Acaso Dios
es injusto con ellos?
¿
Qué Dios es ese que bendice a un “delincuente” y
maldice a los que andan en los caminos
correctos?
¿
O será que aún en la integridad ellos,
no logran tener éxito porque
son incompetentes?
¿
Y no sería tamaña incompetencia la verdadera
razón de la envidia?
A ejemplo el pensamiento de Theodore
Roosevelt:
“
No es el que critica el que vale: el mérito
pertenece al hombre que está realmente en la
arena, cuyo rostro está manchado de polvo, sudor
y sangre; que se esfuerza de forma corajosa; que fracasa
repetidas veces, porque sabe que no hay esfuerzo sin
obstáculos, pero que realmente se empeña
en realizar las tareas; que sabe lo que es tener gran
entusiasmo y gran devoción y que agota sus fuerzas
en una causa digna; que al final, descubre el triunfo
de las grandes realizaciones y, si por acaso fracasa,
al menos fracasa arriesgando mucho, de forma que su
lugar nunca será junto a las almas frías
y tímidas que no conocen ni la victoria ni la
derrota”.
::: El
problema es que no todos han tenido oídos
para oír. :::
Dios no trabaja
con la cantidad y sí con
la calidad. Es verdad que la calidad surge de la cantidad,
porque “muchos son llamados, pero pocos los escogidos” (Mateo
22.14).
Pero la oportunidad de ser escogido es para todos
los que han oído la Palabra de Dios. El problema
es que no todos han tenido oídos para oír.
Y los pocos que han oído, sin embargo, no han
sido fieles en lo poco.
Cuando Gedeón tocó la trompeta convocando
a los hombres para la lucha en favor de Israel, se
presentaron 32.000. Pero debido a la timidez y al miedo
que algunos tenían, 22.000 regresaron. A eso
hay que añadir que 9.700 manifestaron una fe
protésica, es decir, una fe inestable.
Apenas 300 fueron escogidos, es decir, solamente
menos de un 1% pudo ser aprovechado. Infelizmente, “muchos
son llamados, pero pocos los escogidos”.
La
fuerza de Gedeón estaba en su indignación,
la cual no estaba en su corazón sino en
su mente.
En
su intelecto había la conciencia del
Dios de sus antepasados y de Sus maravillas.
Dios Omnisciente, Omnipresente y Todopoderoso.
Es decir, ¡Un
Dios que cumplía sus promesas!
Por medio de Sus siervos fieles y dedicados, Él liberó a tres
millones de esclavos de Egipto y a través de sus hijos constituyó la
nación de Israel.
Eso suscitó la envidia y, consecuentemente, la ira de los pueblos del
Oriente. ¿Cómo un grupo de esclavos podía convertirse en una nación? Todos se volvieron en contra y no querían a Israel como nación.
¡Lo mismo sucede con nuestra Iglesia delante de las demás iglesias
y religiones en el mundo!
Debido a su fe racional Gedeón se indignó contra la situación
vigente en su país. No aceptó creer en un Dios tan Grande y sujetarse
a la esclavitud impuesta por los enemigos.
Su indignación no era un mero sentimiento del corazón
y sí una indignación
que procedía de su intelecto. ¿Cómo aceptar
la esclavitud si de ella un día Dios los había librado?Eso es fe inteligente.
La fe emotiva no tiene coraje para tomar actitudes.
No tiene ni coraje de sacrificar la propia
vida para obtener la salvación, cuanto más para conquistar
las bendiciones en este mundo. Ella es cobarde y sujeta a las circunstancias
adversas.
¡Pero esto no sucede cuando la fe se separa de la emoción! La fe
inteligente rechaza tener una vida mezquina, miserable e indigna… Si Dios
es Padre y Dueño de todo el universo, ¿cómo pueden sus
hijos
vivir una vida sin calidad?
¿ Usted cree que la fe racional, sobrenatural e inteligente acepta eso?
¡
Sólo los hijos de las tinieblas lo aceptan!