Pensar
que podemos hacer las cosas a nuestra manera y vivir sin problemas al
permanecer lejos de Dios, es un error. El Señor Jesús nos mostró, a través de
las Sagradas Escrituras, las consecuencias de tomar esa decisión.
“También dijo:
Un hombre tenía dos hijos y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la
parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes. No muchos días después,
juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí
desperdició sus bienes viviendo perdidamente.” (Lucas
15:11-13) Usted puede notar que en ningún momento el padre le insistió a su
hijo para que no actuara de esa manera, al contrario, respetó la decisión del
muchacho. Ese padre representa a Dios, Él respeta el libre albedrío de las
personas; lo único que hace cuando estamos a punto de tomar una decisión es
orientarnos. Sin embargo, no siempre nos damos cuenta de eso.
El destino está en las
manos de cada uno, pues a través de las decisiones que tomamos regimos nuestro
futuro. El muchacho decidió irse lejos para que su papá no lo molestara e
interfiriera en sus asuntos. Esto sucede con muchas personas: se alejan de Dios
para poder vivir a su manera. En esta historia, las malas decisiones causaron
que el muchacho malgastara todo y cayera en miseria. Viéndose en tan mala
situación, decidió regresar a casa:
“(…) cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido
a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. Y el hijo le
dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser
llamado tu hijo. Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y
vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. Y traed el
becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; porque este mi hijo muerto
era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a
regocijarse.” (Lucas 15:18-24)
Cuando nos arrepentimos y
buscamos a Dios con sinceridad, Él nos recibe y no nos reprocha la actitud que
tuvimos. No importa el tamaño de su error, Él le espera con los brazos
abiertos.
Por
diversos motivos nace
el deseo de suprimir el
pasado,
dejar atrás lo que
nos causó dolor, y
recomenzar. Pero las heridas
pueden ser profundas, recordarle
la gravedad de sus antiguas
decisiones. Obviamente Satanás
aprovecha esto para acusar,
de hecho su nombre significa “acusador”.
Intenta que creamos imposible
ser perdonados.
Nicodemo, un religioso
cuya historia se relata
en las
Sagradas Escrituras,
fue a buscar al Señor
Jesús de noche, pues
no quería ser visto
por nadie. El motivo de su
consulta fue una inquietud: él
conocía las Sagradas
Escrituras perfectamente,
pero no era tan feliz como
los discípulos del
Señor; había
algo diferente en ellos.
Conocía las Escrituras,
pero su vida no reflejaba
las promesas divinas. Quería
saber qué le hacía
falta.
“
Respondió Jesús
y le dijo: De cierto, de
cierto te digo, que el que
no naciere de nuevo, no puede
ver el reino de Dios. Nicodemo
le dijo: ¿Cómo
puede un hombre nacer siendo
viejo?... De cierto, de cierto
te digo, que el que no naciere
de agua y del Espíritu,
no puede entrar en el Reino
de Dios.” (Juan 3:3-5)
Como Nicodemo hay muchos.
Personas aparentando
felicidad y carcomiéndose por
dentro. Gente que hasta ahora
no han visto las bendiciones
de Dios. Nicodemo hasta ese
entonces había sido
hipócrita, pues creía
que su religiosidad era todo
lo necesario para vivir bien.
Cuando decidió sincerarse
encontró a Jesús
y Él le dijo cómo
ser feliz: naciendo de
Dios.
Nacer de Dios es ser
regenerado por dentro.
Abandonar los
malos caminos, cambiar
de pensamientos y
predisponerse a obedecer
los mandatos
del
Señor Jesús.
Actuar así acerca
a la persona a Dios, dándole
la posibilidad de experimentar
bendiciones: ver el reino
de Dios en su vida.
¿
Desea tener una vida completa
y satisfactoria? Entonces
abra su corazón a
Dios y permita que lo restaure.
No importa su pasado, si
se arrepiente, Dios le perdona
sin importar la gravedad
de sus errores. Hágalo
y verá el reino de
Dios aquí, con las
bendiciones, y en la eternidad,
con la salvación.
Cuando
Dios planeó la
creación, primero hizo
el Jardín del Edén,
un lugar reservado para
que el hombre viviera de
la mejor
manera.
“
Tomó, pues, el Señor
Dios al hombre, y lo puso en
el huerto de Edén, para
que lo labrara y lo guardase.
Y mandó el Señor
Dios al hombre, diciendo: De
todo árbol del huerto
podrás comer; mas del árbol
de la ciencia del bien y del
mal no comerás; porque
el día que de él
comieres, ciertamente morirás.” (Génesis
2:15-17)
Con esto, Dios entregó al
hombre el poder de la decisión.
Dios no ha creado robots o
marionetas. Creó personas
capaces de decidir. Él
sólo presenta los caminos
delante de nosotros, pero nosotros
elegimos. Él orientó a
Adán y Adán eligió.
En la actualidad la orientación
que nos da es a través
de la Biblia, porque la Biblia
es el manual de cristiano.
No obstante, esto parece
no interesar a todos.
“
Mira, yo he puesto delante
de ti hoy la vida y el bien,
la muerte y el mal; porque
yo te mando hoy que ames al
Señor tu Dios, que andes
en sus caminos, y guardes sus
mandamientos, sus estatutos
y sus decretos, para que vivas
y seas multiplicado, y el Señor
tu Dios te bendiga en la tierra
a la cual entras para tomar
posesión de ella.” (Deuteronomio
30:15-16) Nadie le obliga a
seguir los caminos de Dios,
sin embargo, hay una recompensa
para aquellos que lo siguen
y esto es la multiplicación.
Todo lo que usted haga será próspero.
Una verdad irrefutable
es que toda persona
que sigue
a Dios
con sinceridad,
jamás
quedará en peores condiciones
que cuando tomó esa
decisión. Ahora usted
puede ser un empleado con un
salario bajo, mañana Él
le colocará en un puesto
sobresaliente con un buen pago.
Además no tendrá ninguna
necesidad de ir en busca de
oportunidades a otro país,
porque las puertas se le abrirán
en éste.
“
A los cielos y a la tierra
llamo por testigos hoy contra
vosotros, que os he puesto
delante la vida y la muerte,
la bendición y la maldición;
escoge, pues, la vida, para
que vivas tú y tu descendencia;
amando al Señor tu Dios,
atendiendo a su voz, y siguiéndole
a él; porque él
es vida para ti, y prolongación
de tus días…” (Deuteronomio
30:19-20)
Dios le invita
a escoger Su
camino, no
como una religión
o tradición sino como
forma de vida. No importa su
pasado, si decide corregir
su vida y obedecer al Señor,
Dios tendrá misericordia
y le ayudará.
La
fe que procede del Espíritu
Santo, no permite que la persona
se
resigne
ante un problema, al contrario,
lo vuelve una persona decidida
y le da la fuerza para luchar
contra la adversidad.
Israel era un pueblo que
dependía
del campo y necesitaba de las
lluvias para que la tierra produjera.
Con la ambición de querer
producir más, el pueblo
adoró a Baal porque era
un supuesto dios de la fertilidad
y lluvia. Creían en Dios,
pero también en Baal.
Sin embargo, había un
hombre decidido, el profeta Elías,
quien determinó que no
llovería en 3 años
y 6 meses. A pesar de que el
pueblo clamaba a Baal, la lluvia
continuaba sin venir. “Entonces
Acab convocó a todos los
hijos de Israel, y reunió a
los profetas en el monte Carmelo.
Y acercándose Elías
a todo el pueblo, dijo: ¿Hasta
cuándo claudicaréis
vosotros entre dos pensamientos?
Si el Señor es Dios, seguidle;
y si Baal, id en pos de él.
Y el pueblo no respondió palabra.” (1
Reyes 18:20-21) Lo que Él
quería era que el pueblo
se decidiera. “Y Elías
volvió a decir al pueblo:
Sólo yo he quedado profeta
del Señor; mas de los
profetas de Baal hay cuatrocientos
cincuenta hombres… Invocad
luego vosotros el nombre de vuestros
dioses, y yo invocaré el
nombre del Señor; y el
Dios que respondiere por medio
de fuego, ése sea Dios...” (1
Reyes 18:22-24)
Elías no fue para hacer
un intento, él estaba
decidido; o Dios respondía
o entonces sería asesinado
por el pueblo. Elías luchaba
solo contra 450 hombres. Esto
nos muestra que la persona que
quiere vencer, no depende del
gobierno, la crisis o el apoyo
de un familiar para ganar. Sólo
depende de sus decisiones de
fe, porque así Dios podrá doblegar
a sus enemigos, sin importar
quien esté en contra
suya.
“
Cuando llegó la hora de
ofrecerse el holocausto, se acercó el
profeta Elías y dijo… Respóndeme,
Señor, respóndeme,
para que conozca este pueblo
que tú, oh Señor,
eres el Dios…Entonces cayó fuego
de Dios, y consumió el
holocausto, la leña, las
piedras y el polvo, y aun lamió el
agua que estaba en la zanja.” (1
Reyes 18:36-39) Si Dios está a
su lado, sin duda alguna, tendrá la
victoria.
Este día 13 es su oportunidad
de terminar con la sequía
que aqueja su vida, sólo
decídase. Busque a Dios,
clame a Él, sacrifique
como lo hizo Elías, sin
miedo alguno, y vea que Dios
aún responde con fuego
a través de las bendiciones.
Cuando
el Espíritu Santo
entra en una persona, le da la
convicción de que vencerá sus
problemas. Esa fe verdadera no
permite términos medios
y tampoco tiene cavidad para
la duda.
Lo lamentable es que hay
personas que asisten
a la iglesia con
la idea de sólo intentar
que su situación mejore,
piensan que quizá Dios
les ayudará o quizá no.
No están seguros de que
el milagro acontezca. Sin embargo,
para que un milagro ocurra es
necesario que haya fe; dejarlo
a la suerte implica duda y eso
imposibilita las bendiciones.
Quien tiene fe, aunque no
esté viendo
el resultado que espera, y en
lugar de ganar esté perdiendo,
sabe que pasará, sus sueños
se harán realidad. Es
decir, el milagro primero es
concebido en su interior y posteriormente
se materializará. Es como
cuando una mujer se embaraza,
primero está dentro de
ella, no lo ve, pero lo siente,
se cuida por él, compra
cosas para él y visualiza
su vida en función de él,
aún sin tenerlo entre
sus brazos.
Dios no quiere que nos conformemos: “Proclamad
esto entre las naciones, proclamad
guerra, despertad a los valientes,
acérquense, vengan todos
los hombres de guerra. Forjad
espadas de vuestros azadones,
lanzas de vuestras hoces; diga
el débil: Fuerte soy.” (Joel
3:9-8) El Señor quiere
que usted se revelé y
luche por sus metas. Él
no quiere que sienta compasión
de sí mismo porque eso
no le llevará a lugar
alguno.
Tener fe es distinto a
ser positivo, pues quien
es positivo
cree en
la posibilidad de que
las cosas salgan bien.
Quien
tiene fe
sabe que las cosas sí o sí saldrán
bien.
La iglesia no es la que
cambia la vida de las
personas, lo que hace
la diferencia
es la
actitud
que toman, la decisión
de querer cambiar, ponerle un
alto a lo que están pasando.
El Señor Jesús
no hace milagros por lástima, Él
actúa en la gente decidida.
Ejemplo de ello es que de entre
toda una multitud, sólo
sanó a una mujer, pues
sólo ella estaba decidida
a tocar el borde de su manto
y ser sanada (lea Marcos 5:24
al 34).
“
Juntaos y venid, naciones todas
de alrededor, y congregaos; haz
venir allí, oh Señor,
a tus fuertes... Muchos pueblos
en el valle de la decisión;
porque cercano está el
día del Señor en
el valle de la decisión.” (Joel
3:11-14)
El próximo 13
de septiembre es su oportunidad de decidir,
pues en todas las Iglesias Universal
del mundo se llevará a
cabo el Día de la Decisión.
Participe y decídase
por la vida que siempre
quiso.
Dios jamás decidirá por
nosotros, pues respeta nuestro
libre albedrío. Lamentablemente,
hay quienes toman decisiones
basándose en las emociones,
desaprovechan oportunidades
y obtienen consecuencias no
gratas.
No obstante, existe la otra
cara de la moneda, es decir,
personas
que no se guían por lo
que ven, oyen o sienten, sino
que en cada problema vislumbran
la oportunidad de cambiar su
actual situación y salir
victoriosos.
La Biblia relata que hubo
una guerra entre los filisteos
y los israelitas. En lugar
de luchar
ejército contra ejército,
los filisteos dijeron que si
alguien lograba vencer a uno
de sus soldados, de nombre Goliat,
ellos servirían a Israel
o viceversa. Goliat era un hombre
de batalla, fuerte y temible. “Y
todos los varones de Israel que
veían aquel hombre huían
de su presencia, y tenían
gran temor… Al que le venciere,
el rey le enriquecerá con
grandes riquezas, y le dará su
hija, y eximirá de tributos
a la casa de su padre en Israel.” (1
Samuel 17:24-25)
David era depreciado por
su padre y hermanos debido
a su
aspecto,
pequeño y delicado. A
pesar del rechazo que sufría,
era valiente. Por eso se ofreció para
vencer al filisteo. Mientras
todos, incluso el rey, veían
al gigante como un problema, él
lo veía como la oportunidad
para cambiar la situación
que estaba viviendo, honrar a
Dios y obtener el favor del rey
Saúl.
“
David respondió a Saúl:
Tu siervo era pastor de las ovejas
de su padre; y cuando venía
un león, o un oso, y tomaba
algún cordero de la manada,
salía yo tras él,
y lo hería, y lo libraba
de su boca; y si se levantaba
contra mí, yo le echaba
mano de la quijada, y lo hería
y lo mataba (…) y este
filisteo incircunciso será como
uno de ellos, porque ha provocado
al ejército del Dios viviente.
Añadió David: (…)
también me librará de
la mano de este filisteo (…)” (1
Samuel 17:34-37)
David obtuvo la victoria
(capítulo
17). Como él,
usted puede vencer
sus problemas,
sin importar
lo que otros digan,
si simplemente decide
creer, guiarse por
la
fe y luchar por lo
que quiere.
:::
No basta conocer la Biblia
para recibir una bendición :::
Estudiar
la Biblia jamás
cambió la vida de alguien,
pues lo que trae beneficios no
es sólo aprenderse las escrituras;
el milagro y la bendición
de Dios dependen del uso que le
demos a ese conocimiento. Por eso,
aunque la gente conozca diversas
historias bíblicas, sólo
en algunos casos ese saber marca
la diferencia. Vea cómo
obtener provecho:
En una ocasión, Jesucristo
contó a la gente una parábola,
donde Él explica por qué no
todos tienen la vida que quieren.
En ella, sus Palabras son representadas
por las semillas:
Una parte de ellas cayó a
un lado del camino, representa
a las personas que “oyen,
y luego viene el diablo y quita
de su corazón la palabra,
para que no crean y se salven.” (Lucas
8:12) Ocurre cuando la persona
no pone atención a lo que
Dios está diciendo, se distraen,
llegan tarde a la iglesia, olvidan
el mensaje de salvación,
o se forman prejuicios: sin escuchar
ni intentarlo, piensan que los
milagros no existen y/o que Dios
jamás les hará caso
o perdonará.
“
Los de sobre la piedra son los
que habiendo oído, reciben
la palabra con gozo; pero éstos
no tienen raíces; creen
por algún tiempo, y en el
tiempo de la prueba se apartan.” (Lucas
8:13) Este es
uno de los casos más encontrados entre quienes
dicen creer en Dios. Por los problemas
desaniman, le echan la culpa a
Dios de su situación, se
alejan de la Iglesia o amenazan
con hacerlo si no obtienen lo que
quieren.
“
La que cayó entre espinos, éstos
son los que oyen, pero yéndose,
son ahogados por los afanes y las
riquezas y los placeres de la vida,
y no llevan fruto.” (Lucas
8:14) Se dejan seducir por las
propuestas malignas, pecan, se
preocupan en exceso por diversas
cosas, cambian de ánimo,
se vuelven irritables y el buscar
una bendición incluso se
les hace afán, apagando
la fe, abandonando la confianza
en Dios.
Ya la última parte de las
semillas que Jesús mencionó,
es aquella que cae en buena tierra
y da fruto. “Caer en buena
tierra” significa que esa
persona no se deja abatir, distraer
o conmover. Mantiene la fe y aunque
se ve tentado por las emociones,
le da más espacio a lo que
escuchó de Dios que a lo
que percibe. No es fanático,
pero simplemente sabe que Dios
no fallará. El fruto son
la salvación y las bendiciones.
Medite en las enseñanzas
bíblicas y practique lo
que Dios propone. Ser bendecido
no es difícil, depende más
bien de nuestra decisión.
Dele un espacio a Dios.
Existe un abismo que separa al hombre
de Dios y,
aún así,
hay quienes creen que a su manera
pueden llegar a Él, sin embargo,
eso no es posible, pues el propio
Jesús dijo: “Yo soy
el camino, y la verdad, y la vida;
nadie viene al Padre, sino por mí.” (Juan
14:6) Jesús es el Puente que
puede conducirnos al Padre, y quienes
toman la decisión de entregarse
a Él, obtienen de Dios una
vida renovada. Quizá usted
está enfermo, tiene problemas
en su matrimonio, su economía
no anda nada bien, sepa que el Señor
puede restaurar su vida por completo.
“
Y el que estaba sentado en el
trono dijo: He aquí, yo
hago nuevas todas las cosas.
Y me dijo: Escribe;
porque estas palabras son fieles
y verdaderas. Y me dijo: Hecho
está.
Yo soy el Alfa y la Omega, el
principio y el fin. Al que tuviere
sed, yo
le daré gratuitamente
de la fuente del agua de la vida.
El que
venciere heredará todas
las cosas, y yo seré su
Dios, y él será mi
hijo. Pero los cobardes e incrédulos,
los abominables y homicidas,
los fornicarios y hechiceros,
los idólatras
y todos los mentirosos tendrán
su parte en el lago que arde
con fuego y azufre, que es la
muerte
segunda.” (Apocalipsis
21:5-8)
Aquí el Señor
nos da las dos caras de la moneda,
por un
lado están los que optan
por entregarse a Él, cuyo
fin es una vida nueva y plena;
y por
el otro, aquellos cuyo fin será de
dolor y sufrimiento: quienes
niegan la fe (los cobardes),
muchas veces
con tal de quedar bien con los
demás;
los que aún estando dentro
de la iglesia no creen en Él
(los incrédulos); quienes
cometen acciones que contrarían
lo dicho en las Escrituras (los
abominables); aquellos que no
perdonan, que son
vengativos y rencorosos (los
homicidas); los que dicen seguirlo
pero se involucran
con cuestiones esotéricas
(los hechiceros); quienes en
vez dirigir su adoración
a Jesús,
la enfocan hacia una imagen,
una persona, el dinero, etc.
(los idólatras).
Los vencedores se mantienen firmes
en la fe en Jesús, después
de haberlo aceptado como Señor
de su vida. La pregunta es ¿qué camino
usted elije?
La
Palabra de Dios dice en San Mateo: “Entonces
se le acercó Pedro y le dijo:
Señor, ¿cuántas
veces perdonaré a mi hermano
que peque contra mí? ¿Hasta
siete? Jesús le dijo: No te
digo hasta siete, sino aun hasta setenta
veces siete. Por lo cual el reino de
los cielos es semejante a un rey que
quiso hacer cuentas con sus siervos.
Y comenzando a hacer cuentas, le fue
presentado uno que le debía
diez mil talentos… Entonces aquel
siervo, postrado, le suplicaba, diciendo:
Señor, ten paciencia conmigo,
y yo te lo pagaré todo. El señor
de aquel siervo, movido a misericordia,
le soltó y le perdonó la
deuda.” (Mateo
18:21-27) Más
adelante la Biblia relata que aquel
siervo no tuvo misericordia de uno
de sus deudores, como lo hizo el rey
con él.
Uno de los fundamentos cristianos
es el perdón. El Señor Jesús,
en la parábola anterior, quiso
enseñarnos el proceder que debemos
tener hacia quienes nos han dañado.
No obstante, en la mayoría de
las ocasiones, la gente no es capaz
de perdonar. Infinidad de parejas discuten
porque no logran olvidar el fallo de
su cónyuge. En cada pelea
traen a la memoria el desliz del
otro.
Incluso hay quienes dicen: “yo
perdono, pero no olvidó”.
Sin duda este pensamiento no viene
de Dios. Imagínese que Dios
actuará de esa forma con nosotros,
que nos dijera que nos ha perdonado,
pero de vez en cuando nos echara en
cara lo que hicimos. Definitivamente Él
jamás actuará así,
porque cuando nos otorga el perdón
es como si nunca hubiéramos
cometido esa falla.
Otros tantos guardan rencores
de antaño
y viven pensando en la venganza ¿Cómo
se pude tener una relación con
Dios teniendo esta idea? ¿Cómo
pretende tener la misericordia
de Dios si usted carece de
ella?
Sólo el Espíritu Santo
puede capacitar para que logre perdonar
a tal grado que logré borrar
de su mente el pasado.
La misericordia del Señor fue
tan grande que aún estando en
la cruz, Jesús perdonó a
quienes lo condenaron. No permita que
su corazón siga
enfermo de rencor y usted
siga enfermo espiritualmente.
Tanto Dios como los espíritus
malignos trabajan a través de
palabras. Por parte del Señor
vienen aquellas que nos motivan a seguir
adelante, a tener fe; por parte del
mal, los pensamientos generadores de
duda,
miedo.
Frecuentemente, los espíritus
malos saturan de frases negativas a la
gente, a fin de hacerlas creer que Dios
no atenderá sus oraciones, que
no merecen, que sus pecados son muy graves
y no tienen perdón. Sólo
teniendo un encuentro con Dios esas
voces dejan de surtir efecto.
Dios fortalece la fe de una persona
cuando entra en su vida: una fe
independiente de las circunstancias.
Aunque todo
indicara
fracaso, quien realmente encontró a
Dios, tiene paz interna y está seguro
del cumplimiento de las promesas divinas.
No abandona sus ilusiones.
Es cierto, todos pecamos y no hay
alguien merecedor de ser atendido
por Dios,
pero a través del Señor Jesucristo,
quien dio su vida para lavarnos del pecado,
cuando hay un arrepentimiento sincero,
podemos acercarnos a Dios y ser atendidos
por Él.
“…
teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los
cielos, Jesús el Hijo de Dios,
retengamos nuestra profesión.
Porque no tenemos un sumo sacerdote que
no pueda compadecerse de nuestras debilidades
(…) Acerquémonos, pues,
confiadamente al trono de la gracia,
para alcanzar misericordia y hallar gracia
para el oportuno socorro.” (Hebreos
4:14-16)
El apóstol dice que al acercarnos
a Dios, debemos hacerlo con confianza,
es decir, sin miedo o duda. Dios jamás
atenderá una oración midiendo
los méritos. Obviamente es necesario
caminar de acuerdo a los mandatos divinos;
pero para responder una oración,
el Señor observa la fe.
La Biblia menciona a Jesucristo
como nuestro Sumo Sacerdote,
porque el
sumo sacerdote era quien
iba a la presencia
de Dios para ofrecer sacrificios
a favor del pueblo. Con
la muerte y resurrección
del Señor Jesús, Él,
siendo Dios, se ofreció en sacrificio
para perdón de pecados; siempre
está con Dios Padre y aboga por
nosotros. Por eso podemos confiar: Dios
escuchará nuestras oraciones.
Para que
la felicidad llegue a su vida, es necesario
que tenga un encuentro con
Dios. Una pareja, un mejor trabajo, pueden
provocar sensación de bienestar,
pero será momentánea. Nuestros éxitos
sólo llenan por instantes, no
hay algo que sea permanente si estamos
lejos
de Dios.
En Jesucristo está la plenitud de
vida. Él es la fuente de felicidad
y todo lo demás depende de Él.
Si no está en nosotros, las cosas
carecerán de sentido. Observe: quienes
más se deprimen son los millonarios,
teniendo todo comprenden que algo les falta;
ese ‘algo’ es Dios.
Ejemplo de ello es Zaqueo, cuya historia
está en el libro de Lucas, capítulo
19. Él era rico, pero buscó al
Señor porque estaba vacío.
En su paso, Jesús estuvo rodeado
de muchos, pero esa gente sólo lo
seguía por los milagros. Para los
demás, Él era un ‘solucionador
de problemas’, no entendían
que es el Salvador, Zaqueo sí.
“
Y corriendo delante, subió a un árbol
sicómoro para verle; porque había
de pasar por allí. Cuando Jesús
llegó a aquel lugar, mirando hacia
arriba, le vio, y le dijo: Zaqueo, date
prisa, desciende, porque hoy es necesario
que pose yo en tu casa.” (Lucas 19:1-5)
Quien busca a Dios sólo por las
bendiciones, sin querer amarlo, algún
día se alejará de Dios. Si
resuelve sus problemas, dará las
gracias y se irá. Si no los resuelve,
lo maldecirá y de todos modos se
irá. ¿Usted quiere sólo
resolver sus problemas o ser feliz? No
es malo buscar una bendición, pero
ante todo debemos buscar encontrarnos con
Dios.
Zaqueo quería cambiar de vida. Devolvió cuadruplicado
lo que robó y dio a los pobres la
mitad de sus bienes. Aparentemente se quedó sin
nada, pero Jesús no lo dejó pobre,
lo bendijo pues entendió que lo
principal era saciar su alma, no sus bolsillos.
En el momento que usted anhele
encontrar a Jesús, lo hará. Aunque
tenga muchos problemas, la prioridad siempre
será encontrarse con Dios. Sólo
entregándose a Él y poniéndolo
en primer lugar, los problemas se resolverán
porque Dios tendrá cuidado de usted.
Zaqueo tenía todo, pero no tenía
nada. Cuando encontró a Jesús
no tenía nada, pero obtuvo todo.
La
mayor consecuencia del
pecado es la separación
entre el hombre y Dios, lo cual acarrea dolor
y sufrimiento. Esto explica por qué hay
personas que dicen “Dios no me escucha, Él
me abandonó.” Dios no abandona,
somos nosotros quienes nos alejamos de
su lado.
Nadie puede acercase a Dios por méritos
propios. Por eso el Señor Jesús
dio Su vida para que, a través de Él,
tuviéramos comunión con Dios.
Cuando una persona rechaza a Jesús
también se resiste al derecho de
acercarse al Creador. Solamente Jesucristo
puede perdonarle
sus pecados y aproximarlo al Padre.
“
Después de esto miré, y he
aquí una gran multitud… que
estaban delante del trono y en la presencia
del Cordero, vestidos de ropas blancas, y
con palmas en las manos… y clamaban
a gran voz, diciendo: ¡La salvación
pertenece a nuestro Dios que está sentado
en el trono, y al Cordero!” (Apocalipsis
7:9-10) Las ropas blancas y las palmas representan
la pureza, esto es, estar limpios de pecado
por medio de la sangre de Cristo. La palabra
salvación significa cura del cuerpo
y alma. Cuando una persona no tiene la salvación,
se enferma del alma: sufre depresión,
no logra perdonar y no supera traumas. Para
esto no hay medicina o tratamiento, sólo
el Señor Jesús puede sanar
el interior.
“
Estos que están vestidos de ropas
blancas, ¿quiénes son, y de
dónde han venido?... Y él me
dijo: Estos son los que han salido de la
gran tribulación, y han lavado sus
ropas, y las han emblanquecido en la sangre
del Cordero. Por esto están delante
del trono de Dios… Ya no tendrán
hambre ni sed, y el sol no caerá más
sobre ellos, ni calor alguno; porque el Cordero
que está en medio del trono los pastoreará,
y los guiará a fuentes de aguas de
vida; y Dios enjugará toda lágrima
de los ojos de ellos.” (Apocalipsis
7:13-17) Si usted se entrega a Jesús
será lavado y blanqueado, es decir,
cuando Dios le mire ya no verá su
pecado. Quienes se rehúsan a seguir
a Cristo no son respondidos en sus oraciones
porque viven en pecado y, por lógica,
no pueden tener ninguna relación
con Dios.
La persona que vive en comunión con
Dios no tendrá calamidad ni miseria.
Si Dios permitiera esto, entonces sería
injusto. Ya que Jesús es guía
de quien lo sigue. El diablo sólo
destruye, pero Jesús jamás
lo llevará al abismo. Aquellos que
tienen comunión con el Señor
viven con alegría, paz y
prosperidad.
Conquistar bienes
materiales no es pecado, incluso tampoco
es incorrecto
desear una vida
mejor. Sin embargo, más que cualquier
beneficio tangible, el mayor de los tesoros
es la salvación eterna y por eso debemos
buscarla. Como el alimento sacia al cuerpo,
sólo una buena relación con Dios
puede dar a nuestra alma paz y alegría.
Es fácil ver en ejemplos de personalidades
mundiales que la fama, el éxito o el
dinero no logran llenar su interior. Muchos
de ellos sufren angustia. Esto ocurre porque
el alma sabe cuál será su destino
eterno aunque la persona no se encuentre
del todo consciente.
Para ilustrar el tema actual, podemos revisar
el siguiente pasaje bíblico:
“
También les refirió una parábola,
diciendo: La heredad de un hombre rico había
producido mucho. Y él pensaba dentro
de sí, diciendo: ¿Qué haré,
porque no tengo dónde guardar mis frutos?
Y dijo: Esto haré: derribaré mis
graneros, y los edificaré mayores, y
allí guardaré todos mis frutos
y mis bienes; y diré a mi alma: Alma,
muchos bienes tienes guardados para muchos
años; repósate, come, bebe, regocíjate.
Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen
a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de
quién será? Así es el
que hace para sí tesoro, y no es rico
para con Dios.” (Lucas
12:16 – 21)
Es verdad que alguien puede tenerlo todo,
pero de qué serviría ganar el mundo
entero y perderse. Una vez que la muerte llega,
el destino del alma ya está sellado:
o la eternidad con Dios, o el infierno. Bíblicamente
no existe mención de purgatorio o lugares
de expiación. Plegarias no pueden sacar
a un alma de dónde fue enviada.
Por eso Jesucristo dio su vida por
nosotros,
para que ahora elijamos con actitudes
nuestro eterno
lugar.
Amigo lector: Somos sinceros al decirle
que nuestro mayor interés es que su alma
sea salva. Luche por sus bendiciones, pero
primero arregle su vida espiritual con Dios, ámelo
no por interés sino sinceramente. Teniendo
a Dios, independientemente de las circunstancias,
siempre se sentirá feliz.
Para
entender el mensaje de hoy, quiero que piense
en la siguiente analogía: comparemos
nuestra vida a un automóvil; para que
pueda andar es necesario que tenga gasolina.
Mientras la fe es la chispa, la confianza es
ese combustible que lo mantiene andando.
Cuando tomamos actitudes espontáneas a
fin de llamar la atención de Dios, estamos
haciendo uso de la fe. Sin embargo, el tiempo
pasa y, en ocasiones, las bendiciones ‘tardan’ en
venir. Sólo a través de la confianza
podremos permanecer firmes, pues no todos los
días tenemos el mismo nivel de fe.
Mientras la confianza es algo constante -que
nos hace saber que, a pesar de todo, las
bendiciones vendrán-, la fe es momentánea.
Es como Abraham, a quien Dios prometió dar
un hijo. La promesa tardó 25 años
en cumplirse. En ese periodo, Abraham no siempre
tuvo la misma fe, pero siempre mantuvo la confianza.
“
No perdáis, pues, vuestra confianza, que
tiene grande galardón; porque os es necesaria
la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad
de Dios, obtengáis la promesa. Porque
aún un poquito, y el que ha de
venir vendrá, y no tardará.
Mas el justo vivirá por fe; y
si retrocediere, no agradará a
mi alma.” (Hebreos
10:35-38)
Si ha tomado actitudes de fe, no dude
que la respuesta vendrá, pues Dios busca el momento
adecuado para bendecirnos. Es como una semilla,
no todas germinan al mismo tiempo. De acuerdo
a lo que usted sembró es el tiempo que
tardará. Si ve a otros ser bendecidos
primero, no se desespere, tal vez ellos sembraron
lechuga y usted piña.
Gedeón era miedoso, pero al tomar una
actitud de fe su vida cambió. Al ofrecer
el toro que Dios le pidió en sacrificio,
el fuego no sólo vino sobre el holocausto;
espiritualmente el fuego también entró en él,
consumiendo las dudas, los miedos y colocando
confianza. Eso le hizo vencer.
Mantenga la confianza, no eche a
perder su semilla de fe, pues si
no duda ni
reclama, esa semilla
recibirá lo que necesita para que Dios
le dé el crecimiento y usted obtenga su
bendición.
Tanto
Dios como
el diablo saben que el sacrificio tiene su fruto.
No hay algo
que se logre sin esfuerzo y por ello, al no ser
fácil
obtener beneficios, pocos logran una vida con calidad.
Ejemplo de esto es que de miles de estudiantes
que ingresan a una carrera universitaria, sólo
algunos se titulan; aquellos que se empeñaron
más en lograrlo y, decididos, vencieron
las barreras. Así es en todo: para lograr
una meta se necesita sacrificar.
Hay tres clases de personas:
1. Miedosos: Quienes temen tomar actitudes
al considerar su situación. Simplemente se esconden, renuncian
a la meta o se conduelen de sí.
2. Hipócritas: Aunque suene tosco el título,
son aquellos que dicen que harán algo,
pero luego desisten.
3. Valientes: Como los dos anteriores, tienen
sueños,
pero no desisten hasta alcanzarlos. Enfrentan
problemas como los otros, pero los vencen. Son
decididos
y sacan fuerzas de la debilidad.
Hasta el Señor Jesucristo, incluido en el
grupo de los valientes, tuvo que sacrificar para
darnos la salvación por eso también
fue atacado por el diablo quien, sin lograrlo,
intentó detenerlo de su cometido (Mateo
16:21 y 22).
Quien tiene fe real no deja que nada
lo frene y, espiritualmente hablando,
discierne
que
aunque el diablo quiera detenerlo simplemente
no se
detendrá,
pues tiene muy claro qué es lo quiere y
no busca facilidades. Vea lo que vea, pase lo que
pase y espere cuánto espere, sabe que su
sacrificio no es, fue o será en
vano.
Si decide luchar por sus metas, hágalo.
Vendrán a usted palabras de duda, gente
que lo critique, personas y situaciones que intentarán
desanimarlo; no obstante mantenga su fe, esfuércese
como se propuso, no mida las horas, los días
o el empeño que le lleve, al final, Dios
bendecirá lo que emprenda.
“
Verá el fruto de la aflicción de
su alma, y quedará satisfecho… Por
tanto, yo le daré parte con los grandes,
y con los fuertes repartirá despojos; por
cuanto derramó su vida…” (Isaías
53:11 y 12)
Así fue con Jesucristo quien obtuvo victorias,
y así será con aquellos
que son valientes.
La
transformación de vida
no se da por asistir a una iglesia o por hacer
novenas de oración. El cambio sólo
se da cuando la persona toma conciencia de lo importante
que es ser obediente a la voz de Dios. Mientras
esta actitud falte, en la vida de un cristiano,
siempre estará luchando sin que Dios pueda
ayudarle.
“
Acontecerá que si oyeres atentamente la
voz de el Señor tu Dios, para guardar y
poner por obra todos sus mandamientos que yo te
prescribo hoy, también el Señor tu
Dios te exaltará sobre todas las naciones
de la tierra.” (Deuteronomio 28:1) Cuando
se tiene una obediencia incondicional a la palabra
de Dios, Él honra exaltándolo y haciendo
que sobresalga entre los demás.
Por ejemplo: en la Biblia podemos leer que
Abram no era alguien admirado, era uno más entre
la multitud. Sin embargo, en el momento en que
el Señor le pidió que saliera de
la tierra en la que estaba y fuera a otro lugar,
Abraham dejó de ser como todos y fue honrado
por Dios, ¿por qué? Simplemente porque
fue obediente al Señor.
Las personas que cambian de vida en la Iglesia
Universal lo hacen porque acatan la voluntad
de Dios, anteponiendo la obediencia a su
placer. “Y
vendrán sobre ti todas estas bendiciones,
y te alcanzarán, si oyeres la voz del Señor
tu Dios.” (Deuteronomio
28:2) Si usted ya
no quiere tener fracasos en su vida, la exhortación
es clara: aprenda a escuchar la voz de Dios y obedézcala.
Sólo de esta manera las bendiciones del
Señor le serán derramadas.
Hay gente que no entiende estas palabras
ya que sólo se dedican a pedir, pero jamás
se preocupan por cumplir los mandatos divinos,
como consecuencia su bendición tarda en
llegar. Esto no quiere decir que el Señor
no quiera responder, más bien que la persona
tarda en entender cuál es la parte que
le toca hacer.
Dios no quiere ver a su pueblo humillado,
viviendo de favores, endeudado y sin
algo para comer. Él
quiere plenitud para sus hijos: “Te abrirá el
Señor su buen tesoro, el cielo, para enviar
la lluvia a tu tierra en su tiempo, y para bendecir
toda obra de tus manos. Y prestarás a muchas
naciones, y tú no pedirás prestado… y
estarás encima solamente, y no estarás
debajo, si obedecieres los mandamientos del Señor
tu Dios…” (Deuteronomio 28:12-13)
Recuerde que la fe bíblica no es tener un
pensamiento positivo sino ser obediente a la voz
de Dios y, por ello, estar seguros de la bendición.
::: Diferencias entre:
Diezmo, ofrenda y sacrificio:::
Existen tres cosas que son parecidas,
pero que al final traen un resultado diferente:
Diezmo, ofrenda y sacrificio.
El diezmo simboliza fidelidad. Por eso es que
es algo fijo, el diez por ciento de lo
que llega a
nuestras manos. Cuando somos fieles a Dios, Él
sabe que puede confiarnos Sus bendiciones.
La ofrenda expresa amor. Es dar a Dios lo que
se quiere en una forma espontánea.
El sacrificio expresa la fe. Aquí, la persona
no da lo que quiere, sino lo que Dios le pide.
El sacrificio es para los que quieren una conquista,
sea espiritual o material.
“Y él (Gedeón) respondió… Te ruego que no te
vayas de aquí hasta que vuelva a ti, y saque mi ofrenda y la ponga delante
de ti. Y él (Dios) respondió: Yo esperaré hasta que vuelvas.
Y entrando Gedeón, preparó un cabrito, y panes sin levadura de
un efa de harina; y puso la carne en un canastillo, y el caldo en una olla, y
sacándolo se lo presentó debajo de aquella encina… Y extendiendo
el ángel de Dios el báculo que tenía en su mano, tocó con
la punta la carne y los panes sin levadura; y subió fuego de la peña,
el cual consumió la carne y los panes sin levadura…” (Jueces
6:17-23)
Gedeón no sólo necesitaba paz, sino un milagro para salir de la
opresión que sufría a manos de Madián. Estando en crisis
alimenticia, el cabrito que ofrendó no era algo despreciable, sin embargo
no resolvía nada. No así cuando él sacrificó: “Aconteció que
la misma noche le dijo Dios: Toma un toro del hato de tu padre, el segundo toro
de siete años… y edifica altar al Señor tu Dios… y
tomando el segundo toro, sacrifícalo en holocausto… Entonces Gedeón
tomó diez hombres de sus siervos, e hizo como Dios le dijo.” (Versos
25-27)
Nótese que es Dios quien determinó el sacrificio que quería
de Gedeón. Cada uno tenemos un “toro” guardado y ese es el
que Dios nos pide. Aquel toro significaba la esperanza de Gedeón y de
su familia de que, al terminar la opresión, volverían a prosperar,
así que podría pensarse que al darlo en sacrificio arriesgaba a
hundir a su familia aún más en la miseria, pero la fe
es justamente eso: depender de Dios.
En la Campaña de Israel se da sacrificio, de ahí la importancia
de saber diferenciar el sacrificio de la ofrenda, pues de lo contrario no se
obtiene la respuesta deseada. Pida al Señor que le revele qué es
lo que quiere de usted.
En
la época de los jueces,
el pueblo de Israel, durante siete años,
vivió escondido en las cuevas. Desafortunadamente,
en momentos más críticos, ellos,
como cualquier ser humano, desarrollaron la capacidad
de adaptarse. Lo anterior, aunque sea un paliativo,
no arranca el problema de fondo. Así, ocultos,
los israelitas eran testigos de cómo su
nación estaba siendo devastada.
Sin embargo, como hemos hablado en otras ocasiones,
Dios no desea que nos adaptemos a los problemas.
En el sufrimiento, Dios sí está consciente
del dolor que usted siente, pero nada puede hacer
mientras no exista fe de por medio, y la fe implica
acción: enfrentar el problema, no huir de él.
En el caso de Israel, la respuesta de Dios
vino cuando un hombre llamado Gedeón, quien ya
estaba harto de todo, salió de la cueva.
No buscó a alguien que lo acompañara
y se dio a la tarea de arriesgar su vida y salir
a sacudir el trigo. Era eso o aceptar resignadamente
que su familia muriera de hambre.
Cuando vienen las peores tormentas siempre
estaremos solos como Gedeón, pero ¡gracias a
Dios por ello!, pues sólo necesitamos
a Dios de nuestro lado.
La fe debe ser racional, inteligente. Si
tenemos un Dios Todopoderoso, no tenemos
por qué sufrir.
Quien tiene fe, jamás se resigna, no se
entrega ni somete a las circunstancias; siempre
lucha hasta triunfar.
Más adelante, Gedeón expuso sus flaquezas
a Dios: le dijo que era el menor de la familia
más pobre, o sea, para la sociedad no era
nadie. Humanamente, no tenía condiciones
de vencer a Madián, pero su fe provocó que
la mano de Dios se moviera, quien le dijo: “Ciertamente
yo estaré contigo, y derrotarás
a los madianitas como a un solo hombre.”(Jueces
6:16)
Aunque no tenga capacidad de lograr
lo que quiere: porque es pobre; porque
la
amante
de su esposo
es más linda, más joven; porque no
tiene estudios; porque ya fracasó muchas
veces; si decide luchar, Dios le dará lo
que necesita y peleará con usted.
A usted le han dicho que Dios es
Todopoderoso, eso es verdad y es
hora de que lo compruebe
con su propia vida, ¿cómo?, comience
por retomar sus metas. Dios no será glorificado
en usted si los problemas prevalecen, y sí si
sale victorioso. Como todo Padre, Él desea
ver felices a sus hijos para sentirse bien, pero
recuerde que, como se ha dicho, la vida de calidad
depende de la indignación.
::: Dios
sólo se manifiesta a los inconformes
e indignados:::
Dios
busca gente que crea en Su palabra y que esté dispuesta a luchar para
glorificarlo. Él no se manifiesta a los
cobardes, sólo al haber una reacción
de fe, el Señor depara bendiciones.
En el libro de Jueces, la Biblia revela que
el pueblo de Israel llevaba 7 años sufriendo: “La
mano de Madián prevaleció contra
Israel. Y los hijos de Israel, por causa de los
madianitas, se hicieron cuevas en los montes, y
cavernas, y lugares fortificados.” (Jueces
6:2) En el presente, la situación no es
distinta, habiendo familias grandes que viven en
una misma habitación, humilladas porque
sus ingresos económicos se deben a préstamos.
Israel creía en Dios. Hoy, muchos creen
en Dios, sin embargo, igual padecen calamidades. ¿Por
qué sucede esto? Porque el Señor
no puede hacer nada si no hay fe de por medio.
Y es que cuando Él manifiesta Su poder,
no lo hace por lástima o pena, Él
sólo hace acto de presencia cuando las personas
están inconformes con lo que viven y lo
expresan con actitudes de fe.
“
De este modo empobrecía Israel en gran manera
por causa de Madián; y los hijos de Israel
clamaron al Señor.” (Jueces
6:6) Israel
ya no aguantaba tanta desdicha y aunque clamaba
a Dios, no luchaba.
Gedeón era un hombre indignado con lo que
sucedía en Israel. No aceptaba la pobreza
y por eso salía a trabajar queriendo defender
lo suyo. Estando en sus labores se le apareció el Ángel
de Dios, quien le dijo: “El Señor
está contigo varón esforzado y valiente.
Y Gedeón le respondió: Ah, señor
mío, si el Señor está con
nosotros, ¿por qué nos ha sobrevenido
todo esto? ¿Y dónde están
todas sus maravillas, que nuestros padres nos han
contado…? … ahora el Señor nos
ha desamparado, y nos ha entregado en mano de los
madianitas.” El Ángel no se apareció dentro
de la cueva, sino afuera de ésta, cuando
aquel hombre mostró no estar resignado.
Cuando Gedeón comenzó a luchar por
su pueblo, lo hizo solo, pues nadie creía
en él. Tal vez este sea su caso: no hay
quien le ayude a salir de los problemas. Con todo,
sepa que la fe es individual y a pesar que nadie
le tienda la mano, Dios sólo espera que
usted crea que logrará revertir sus circunstancias.
Gedeón no se sometió a la opresión
de Madián, y ese inconformismo le hizo salir
de la cueva y lograr el respaldo de Dios. Si usa
su fe y se esfuerza, de cierto el Señor
le ayudará a poner fin a toda adversidad.
Dios
busca valientes,
personas que se indignen contra las adversidades,
gente
que quiera luchar por sus sueños. Él
no se manifiesta a los conformistas que aceptan
las situaciones difíciles como sucesos normales.
La Biblia relata en el libro de Números
capítulo trece, que Moisés mando
a 12 espías a reconocer la tierra de Canaán.
Después de cuarenta días los espías
volvieron y se presentaron ante Moisés diciendo
que, ciertamente, era una tierra en la que fluían
leche y miel. Sin embargo, dijeron que no podían
tomar posesión de ella porque estaba habitada
por gigantes. Cuando el pueblo de Israel escuchó esto
se vino abajo. “Entonces toda la congregación
gritó, y dio voces; y el pueblo lloró aquella
noche.” (Números
14:1)
Actualmente hay quienes se dejan influenciar
por las malas noticias que les dicen terceras
personas.
El pueblo de Israel no había visto nada
de lo que los espías dijeron, sólo
escucharon la palabra y eso bastó para que
se desanimaran. Mucha gente, ante la desgracia,
se desespera, desaniman, por su cabeza pasa cualquier
tipo de pensamiento menos el de usar la fe.
En la vida tenemos dos opciones: ir a favor
o ir en contra de la corriente, es decir,
resignarse ante la tragedia o revelarse
contra la situación
y actuar para que ésta cambie.
Diez espías fueron cobardes, sólo
miraron dificultades, sólo dos vieron una
oportunidad en aquel ambiente. Con todo, el pueblo
se quejó: “Y se quejaron contra Moisés
y contra Aarón todos los hijos de Israel;
y les dijo toda la multitud: ¡Ojalá muriéramos
en la tierra de Egipto; o en este desierto ojalá muriéramos!” (Números
14:2)
¿
Cómo podrá Dios ayudar a un resignado?
Dios actúa en la vida de aquellos que tienen
fe, porque cuando una persona tiene fe se levanta
para luchar. Quizá su problema sea grande,
pero no hay duda alguna de que Dios es mayor a
cualquier adversidad.
El Señor había prometido una tierra
abundante para el pueblo de Israel, pero nunca
prometió que esa tierra estaría libre
de enemigos. Así mientras diez hombres se
lamentaron, dos vieron la oportunidad de luchar
por una tierra que valía la pena. Los diez
hombres y el pueblo de Israel murieron en el desierto
y sólo Josué y Caleb pudieron entrar
en la tierra prometida.
¿
Usted qué hará, disfrutar de
la tierra prometida o morir en el desierto?
En
el libro de Jueces, en los capítulos 6, 7 y 8, se nos presenta una
historia que muestra cómo Dios depende de
la actuación del hombre para poder manifestar
Su poder. Y es que Dios no trabaja en solo, Él
depende de que el individuo dé el primer
paso, pues únicamente al haber una expresión
de fe, el Señor hace que las cosas sucedan.
Los primeros dos versículos del capítulo
6 de Jueces, menciona: “Los hijos de Israel
hicieron lo malo ante los ojos de Dios; y el Señor
los entregó en mano de Madián por
siete años. Y la mano de Madián prevaleció contra
Israel. Y los hijos de Israel, por causa de los
madianitas, se hicieron cuevas en los montes, y
cavernas, y lugares fortificados.” Antes
de que los israelitas pasaran tal humillación,
ellos disfrutaron 40 años de paz (lea Jueces
5:31). En ese período, ellos prosperaron,
crecieron, se multiplicaron, se establecieron,
edificaron, es decir, progresaron. Sin embargo,
esa prosperidad, al traerles una sensación
de bienestar, les hizo descuidar su relación
con Dios. Así vemos que en tan sólo
7 años Israel perdió lo que había
conquistado en 40. Todo eso se originó por
haber roto la relación con Dios e inclinarse
al pecado, pues eso les privó de la fuerza
para luchar contra los enemigos.
Hoy en día, no son pocas las personas que
también han edificado cuevas para esconderse.
Después de trabajar por muchos años
para lograr algo, al perderlo en poco tiempo, se
vuelven víctimas de la frustración
y construyen ‘cuevas’. Esas cuevas
son el miedo, sus sentimientos, su trabajo, las
adicciones… Se esconden en estas cosas
para tratar de olvidar los problemas. La cueva
significa
que la persona se rinde ante las circunstancias
que le son contrarias; es el lugar desde donde
contemplan todo destruido y no reaccionan.
Cuando realmente se vive por fe, uno se levanta
para luchar, no se esconde, pues el Espíritu
de Dios siempre nos impulsa a no conformarnos
con los problemas y buscar el cumplimiento de
las promesas
divinas.
No podemos permitirnos ser personas que
viven lamentándose
y sin tomar una actitud que les ayude a cambiar
la situación.
¿
Tiene deseos por realizar? Entonces salga de la
cueva y vaya adelante, luche por lo que quiere.
Dios puede bendecirle grandemente, pero es necesario
que usted reaccione. No sólo tenga fe, vívala.
:: Léalo
si alguna vez sus lágrimas no
le consolaron ::
Al
atravesar por una aflicción,
lo único que puede provocar un milagro no
son las lágrimas sino la fe.
Infelizmente, en lugar de usar la fe, la mayoría
opta por resignarse o condolerse de sí misma
o de su situación. Pero Dios no bendice
por lástima.
¿
Cuántas veces lloró al considerar
las dificultades? En alguna etapa todos lloramos
de más. No obstante, debemos saber que eso
no resuelve la situación. Por más
dolor que sintamos, debemos hacer lo que hizo Josué:
levantarnos y continuar.
“
Aconteció después de la muerte de
Moisés siervo de Dios, que el Señor
habló a Josué hijo de Nun, servidor
de Moisés, diciendo: Mi siervo Moisés
ha muerto; ahora, pues, levántate y pasa
este Jordán, tú y todo este pueblo,
a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel.” (Josué 1:1y
2)
Al morir Moisés, la esperanza de toda una
nación también murió. Él
había sido su patriarca y guía. Con
su último suspiro también se fueron
sus ganas de seguir. Estaban todavía en
el desierto y él era quien los guiaba
a la tierra prometida. Se creyeron desamparados.
Como el pueblo de Israel, al enfrentar
una situación
crítica, las personas se sienten solas,
tristes. Si usted lee con atención, verá que
en el versículo de arriba, aunque Dios sabía
que Moisés había muerto, Él
mandó a Josué que se levantara y
cruzara el río.
Perder una batalla no significa perder
la guerra. Hay quienes incluso, desesperados,
amenazan
a Dios o lo chantajean diciendo que
si no
responde, dejarán
de creer en Él o harán tal o cual
cosa. Cabe decir que eso no es fe, pues está contemplando
la posibilidad de no ser atendido. A Dios no
se le chantajea. Quien tiene fe, cree y persigue
lo
que quiere hasta lograrlo.
Si quiere una vida distinta, como
Josué,
necesita creer en Dios e insistir
en sus sueños.
Incluso, sin importar que otros
crean o no que le es posible alcanzar
tal cosa. Sólo basta
su fe para lograr sus metas.
Si
lo hace, disfrutará también
la “Tierra prometida”.
Entre los relatos bíblicos, uno de los pasajes
que considero más hermosos, es el que habla
de la resurrección de Jesucristo, pues en Él
se refleja cómo y por qué ama
a las personas:
“
Pero María Magdalena estaba fuera llorando
junto al sepulcro; y mientras lloraba, se inclinó para
mirar dentro del sepulcro; y vio a dos ángeles… Y
le dijeron: Mujer, ¿por qué lloras?
Les dijo: Porque se han llevado a mi Señor,
y no sé dónde le han puesto. Cuando
había dicho esto, se volvió, y vio
a Jesús que estaba allí; mas no sabía
que era Jesús.
…
Jesús le dijo: ¡María! Volviéndose
ella, le dijo: ¡Raboni! (que quiere decir,
Maestro). Jesús le dijo: No me toques, porque
aún no he subido a mi Padre; mas ve a mis
hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro
Padre, a mi Dios y a vuestro Dios.” (Juan
20:11-17)
El Señor pudo haberse aparecido primero
a sus apóstoles, pero apareció a
una mujer considerada pecadora. Hay historiadores
que creen que Magdalena era prostituta. Sea así o
no, ella, quien había sido sorprendida en
adulterio y liberada de siete demonios (Lucas
8:2),
fue la primera en tener el privilegio de ver al
Señor resucitado.
¿Por qué? Porque se había arrepentido
y tenía un corazón puro,
sencillo y humilde. Cualquiera de los
apóstoles podría
haberse enorgullecido al decir: “Fui
el primero en ver a Jesús”;
además, mientras
todos se fueron, sólo ella permaneció llorando
al sentir necesidad de Su Señor.
Aquella mujer, por su pasado, no se consideraba
de valor,
no tenía orgullo y se veía
a sí misma
como alguien dependiente de Dios.
Para que el Señor aparezca a alguien –haciendo
milagros, cambiando vidas, mostrando Su Poder-,
es necesario que se despoje de la arrogancia, de
su ego.
Comprenda
que los títulos que pueda
tener no le hacen alguien delante de Dios. Sólo
los humildes, no de economía sino de espíritu,
tienen un lugar especial en el corazón del
Señor.