El
problema de muchas personas ha sido la duda. En
el libro de San Marcos 5:21,22 está escrito: “Pasando
otra vez Jesús en una barca a la otra
orilla, se reunió alrededor de él
una gran multitud; y él estaba junto al
mar. Y vino uno de los principales de la sinagoga,
llamado Jairo; y luego que le vio, se postró a
sus pies.”
Aunque
Jairo fuese un hombre religioso, llegó a
la conclusión de que, ni su religión
o la posición que tenía como
uno de los principales de la sinagoga, le podría
conceder el milagro que necesitaba. Dejando
su creencia y su filosofía, Jairo fue
al encuentro del Señor Jesús
a buscar la solución de su problema. Él
no dejó que su religión impidiera
el milagro en su vida, como muchos lo hacen.
¿Cuántas son las personas que dicen: “yo
nací en tal religión y así me
voy a morir”, y por causa del orgullo,
no buscan a Jesús, el Único
que puede cambiar la situación, y
continúan
con el problema? Sin contar aquellas que
dicen: “¿qué van
a pensar de mí si voy a la iglesia?
Me van a llamar de loco, de fanático.” Y,
por lo que van a pensar los demás
o por culpa de la religión, permanecen
sufriendo. Jesús no es una religión.
Nuestro objetivo no es sacar a nadie de su
religión.
Nuestro objetivo es mostrar a un Dios que
funciona, un Dios vivo, que puede cambiar
la vida de todos
aquellos que Lo buscan.
Jairo
dejó su “religión” de
lado y fue hasta Jesús porque quería
la solución de su problema. La Biblia
dice así: “y le rogaba mucho,
diciendo: Mi hija está agonizando;
ven y pon las manos sobre ella para que
sea salva, y vivirá.” (Marcos
5:23). Había en el corazón
de Jairo una certeza que el Señor
Jesús
podría impedir que lo malo aconteciera.
La niña estaba por morir y su fe
fue mayor que la muerte.
“
Mientras él aún hablaba, vinieron
de casa del principal de la sinagoga, diciendo:
Tu hija ha muerto; ¿para qué molestas
más al Maestro?” (Marcos 5:35).
En otras palabras, vino un incrédulo y
dijo: “Jairo, tu hija ya murió,
ya no hay nada que hacer, Jesús no puede
más traer la vida de tu hija de regreso.” Es
necesario tener mucho cuidado con lo que se escucha,
porque el éxito, en todos los
sentidos, depende de la palabra que se
escucha, la cual
puede llevar a grandes conquistas o grandes
fracasos.
Cuantas
veces estamos llenos de fe y de certeza, y alguien
nos dice una
palabra negativa.
Por causa de esa palabra, disminuimos
el
ritmo
de tal forma, que llegamos a estar
estáticos.
La fe ya no funciona, nos enfriamos,
y aun siendo religiosos, todo continúa
saliendo mal. Por causa de una palabra.
Filtre
las palabras que escucha. Aunque salgan de una
persona de Dios. A
veces, en aquel
momento, la persona no está en
la misma fe que usted.
Jesús
no hizo caso a las palabras de aquel incrédulo,
y nosotros debemos hacer lo mismo. La palabra que
debemos hacer caso es la
de Dios. Jairo escuchó al
incrédulo,
pero entró por un oído
y salió por
el otro. Tal vez usted se pregunte: “hago
todo bien, voy a la iglesia, he
permanecido en la presencia de
Dios, pero mi vida no cambia. ¿Cuál
es el problema?”.
La
duda es el problema. A veces dudamos de la Palabra
de Dios y hacemos
caso a la de los incrédulos. Jesús
le dijo a Jairo: “No temas, cree solamente.” (Marcos
5:36), y él mantuvo la fe en aquella promesa.
La Palabra de Dios llegó a su corazón
y él creyó. En ningún momento
dudó. Eso es lo que tenemos que hacer,
pues el milagro depende de esa actitud.
“
Y se burlaban de él. Mas él, echando
fuera a todos, tomó al padre y a la madre
de la niña, y a los que estaban con él,
y entró donde estaba la niña.” (Marcos
5:40). En aquel ambiente solo podían entrar
los de la fe. “Y tomando la mano de la
niña, le dijo: Talita cumi; que traducido
es: Niña, a ti te digo, levántate.” (Marcos
5:41). Y la niña que estaba muerta revivió.
Mantenga esa creencia
en su corazón, aunque
lo que usted escuche sea contrario a su fe. Continúe
creyendo. ¡Ciertamente usted vencerá!.
Mensajes
de Fe / Obispo Romualdo