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“Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo…”
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Así, de acuerdo con las palabras del Señor Jesús, escritas en el libro del apóstol Juan, capítulo 10, versículo 9, “Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo…”, el obispo dijo que quien pase a través de Jesús encontrará el Reino de los Cielos.
“Dios desea que usted esté dentro de Su Reino y ese es el motivo por el cual usted está en la iglesia. Él también desea mostrarle una puerta para entrar a este Reino, porque uno sólo será feliz cuando esté en el Reino de Dios. Esa puerta es el Señor Jesús. Si usted está sufriendo, es porque todavía no pasó por esta puerta".
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:: Si
yo creo, voy a actuar, voy a poner mi fe en práctica ::
"Jairo,
uno de los principales de la sinagoga, se había
dado cuenta que ni su religión ni nadie
podía solucionarle
el problema, sólo Jesús.
Sea usted religioso o no, si tiene un problema,
no creo que por causa de su religión
vaya a dejar de solucionarlo.
Cuando hay un problema buscamos una solución,
y hay una promesa que dice que Jesús puede
darnos esa solución. Si yo creo, voy a actuar,
voy a poner mi fe en práctica, de la misma
forma que Jairo.
Esa fe tiene que estar en su mente, no en su
corazón,
así será más fuerte que cualquier
sentimiento y le dará la respuesta”
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::
El espíritu
de la Fe::
“Existe el
espíritu
de la Fe, que hace que uno tome actitudes y use la
fe. Por ejemplo, si usted buscó la ayuda de
los espíritus e hizo lo que le mandaban, usted
tomó una actitud de fe en el mal.
Yo no puedo decir que creo en Dios y no hacer
nada, y quedarme esperando que las cosas
me lleguen a las
manos o dependiendo de alguien.
Sin embargo, también hace falta la confianza,
porque si aparecen las dudas no habrá bendiciones.
Cuando Pedro comenzó a caminar sobre las aguas,
tomó una actitud de fe, porque Jesús
lo llamó y él obedeció; pero
cuando las olas crecieron, él tuvo miedo,
o sea, no confió y se hundió.
¿ Cómo confiar en alguien que no conozco? Para
confiar en Dios, primero hay que conocerlo”.
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:: ¿Todos
los que tienen salud o dinero tienen a Dios?::
“¿Todos
los que tienen salud o dinero tienen a Dios?
No, pero todos los
que caminan con Dios tienen salud y son prósperos.
Jesús
dijo: “No os afanéis
por vuestra vida, qué comeréis; ni
por el cuerpo, qué vestiréis. La
vida es más que la comida, y el cuerpo que
el vestido” (Lc. 12:22-23).
La preocupación es ansiedad, una señal
de duda, y donde hay duda no hay fe. La fe viene
de Dios, y la duda, del diablo. Uno viene a la
Iglesia y recibe un espíritu de fe; pero
aún dentro de la iglesia, viene el diablo
y pone dudas.
Ahí empieza el conflicto
entre dos voces, dos palabras, una de fe y una
de duda. ¿Cuál
de las dos va a prevalecer? Nadie es culpable
de su fracaso, cada uno es responsable por su
destino.
Si escucho la voz de Dios y la pongo en práctica,
venceré; si pongo en práctica la
del diablo, voy a fracasar”.
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:: El
valor que tiene un encuentro con Dios ::
“La
Biblia dice que el Reino
de Dios es como un tesoro escondido, que
un hombre
encontró. Él se puso contento
por haberlo encontrado y con alegría
fue hasta su casa y vendió todo para
tenerlo.
Él tuvo que pagar un precio para seguir con ese
tesoro. ¿Quién es el tesoro?
Jesús;
es un tesoro que uno no ve, pero cree que
existe y quiere encontrarlo.
Si usted no tiene trabajo, y encuentra uno,
se pondrá muy contento, pero su encuentro con
Jesús lo va a dejar más contento
todavía.
Quizás no tiene casa o pareja; sin embargo,
cuando los encuentre estará muy feliz; pero
el encuentro con Dios lo dejará aún
más feliz, porque nada se compara con la
alegría de encontrar a Jesús”.
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:: ¿Usted
es de Dios? ::
Ser
una persona buena y caritativa no significa ser de Dios.
Muchos son “buenos” pero
viven en un infierno de problemas, que sólo
podrán enfrentar y solucionar una vez que
hayan recibido el Espíritu Santo...
Es muy importante
tener el Espíritu
Santo, porque el hecho de ser bueno no quiere decir
que Dios está con uno. Las personas piensan
que Dios está con ellas por la caridad que
hacen y no es así. Hay muchas personas buenas,
que hacen caridad; sin embargo, su vida es un infierno.
La Biblia dice que “… si alguno no
tiene el Espíritu de Cristo, no es de él” (Romanos
8:9). Todo aquel que no tiene el Espíritu
Santo no es de Dios, y si no soy de Dios, pertenezco
al mal… Por eso la gente sufre de ansiedad,
preocupación, miedo, desesperación…
Donde
hay duda están estos síntomas y estas
personas dependen de otros para tener una dirección,
luchan pero no tienen certeza de que van a
vencer, son personas tristes.
Sin embargo, la persona que tiene el Espíritu
Santo no tiene miedo; puede preocuparse, pero confía
en Él, Lo consulta, busca Su dirección
para hacer las cosas. Igual vamos a pasar por problemas,
pero con Él somos más que vencedores.
¿
Qué falta en su vida? Quizás tenga
todo, pero sigue vacío en su interior, falta
el Espíritu Santo.
Jesús dijo: “Si alguno tiene sed,
venga a mí y beba” (Juan
7:37). El
Espíritu Santo desea darle el agua de la
vida; pero primero, usted tiene que tener sed… Con
el Espíritu Santo, tendrá alegría
en su interior y cuando los problemas lleguen, Él
le dará fuerzas para superarlos.
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::
LA FE ::
“No todos
los que tienen fe la practican, pero todos los
que viven por la
fe la ponen en práctica.
Cuando lo hacemos, todos los problemas, aunque
sean grandes, son resueltos, porque la fe
es el propio
Dios actuando”.
Esta
diferencia es fundamental en la vida de las personas: “Muchos
creen en Dios mientras está todo bien;
pero cuando vienen los problemas aparece la desesperación,
el miedo. Yo debo asumir mi fe, pase lo que pase,
debo permanecer de pie, si no, mi fe será inconsciente,
mentirosa, y no podemos ser de esa forma.
La fe consciente es la fe que se mantiene, independientemente
de las circunstancias. No todos los que están
en la iglesia tienen esta fe, pero quienes
la tienen, vencen”.
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LA FUERZA DE DIOS EN NOSOTROS
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:: EL
SACRIFICIO Parte 6::
Muchos,
equivocadamente, piensan que al dar ofrendas
en la iglesia le están
haciendo un favor al pastor, lo que apenas muestra
una gran falta de conocimiento de la Palabra de Dios,
que dice: “Más bienaventurado es dar
que recibir.” (Hechos 20:35)
No es el ministro de Dios que va a disfrutar
de las consecuencias de la ofrenda, sino,
el mismo ofrendante,
porque al presentar su ofrenda en el altar, está aproximándose
de Dios y permitiendo la propagación del Evangelio.
Es por eso que la ofrenda no puede ser “cualquier
cosa”, o aquello que no hace diferencia para
quien ofrece. Tiene que haber temor en el corazón
del ofrendante, pues, la ofrenda no es ofrecida al
sacerdote, sino, a Dios.
Es imposible no haber retorno espiritual y económico
para la persona que da la ofrenda, cuando su ofrenda
está de acuerdo con la voluntad de Dios. Y
la ofrenda, no es necesariamente dinero, pero todo
lo que se dedica a Dios, por más simple que
sea. Es ahí que el corazón de cada
persona es revelado.
Secretos
del Altar/ Obispo Romualdo
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:: EL
SACRIFICIO Parte 5::
Cuando la persona ofrece un sacrificio verdadero en el
altar del
Señor, aquél
sacrificio intercede continuamente en su favor, delante
de Dios.
El sacrificio realmente garantiza el éxito,
pero para que la persona llegue al punto de hacer
su verdadero sacrificio, necesita vencer antes la
barrera de las dudas en respecto a su propia fuerza.
Para los que creen que no tienen fuerzas para
sacrificar, la Palabra de Dios dice: “Diga el débil: ¡fuerte
soy!” (Joel 3:10); “Todo lo puede en
Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13).
¿
Qué sacrificios podemos ofrecer? El sacrificio
del Señor Jesús fue pleno, suficiente
y perfecto, siendo realizado una única vez
por todas. Por eso, ya no necesitamos ofrecer animales,
como acontecía en el Antiguo Testamento.
Pero Él mismo nos enseña que la vida
cristiana implica renuncias, lo que nos lleva a otras
formas de sacrificios. El apóstol Pablo en
su carta a los cristianos de la Iglesia de la ciudad
Roma, dice: “Así que, hermanos, os ruego
por las misericordias de Dios, que presentéis
vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable
a Dios, que es vuestro culto racional.” (Romanos
12:1).
Entonces, ¿cuáles son los sacrificios
que agradan a Dios?
En primer lugar, el de nuestro cuerpo, o
sea, de nuestra vida, nuestra fuerza, aquello
que
somos
físicamente.
En segundo lugar, nuestro corazón: “Los
sacrificios de Dios son el espíritu
quebrantado; Al corazón contrito
y humillado no despreciarás tú,
oh Dios.” (Salmos
51:17).
En tercer lugar, nuestras renuncias personales.
El Señor Jesús
dejó claro que nuestra entrega debe ser total: “Así, pues,
cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.” (Lucas
14:33).
Secretos
del Altar/ Obispo Romualdo
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:: EL
SACRIFICIO Parte
4::
Lo
que acontece con la mayoría
de las personas, es que desean seguir el camino más
fácil. Hay aún aquellas que se preocupan
más con el precio que hay que pagar que
con lo que se quiere conquistar.
Para éstas, la Biblia afirma: “El que
al viento observa, no sembrará; y el que mira
a las nubes, no segará.” (Eclesiastés
11:4).
Quien apenas mira la dificultad del sacrificio,
jamás
obtendrá cualquier éxito en la vida,
porque siempre le faltará valor para sacrificar.
¡ Una gran
conquista exige un gran sacrificio!
No existe sacrificio “más o menos”:
o la persona se lanza, con convicción y valor,
de cuerpo, alma y espíritu, o entonces no
debe ni siquiera intentar hacer nada.
Es como cuando vamos a una tienda a comprar
un determinado producto. Para adquirirlo, necesitamos
pagar el precio
que está estipulado. Nunca podremos pagar “más
o menos”, porque el vendedor jamás venderá el
producto “más o menos”.
Muchos, a su vez, argumentan que no siempre
el sacrificio trae una respuesta inmediata;
a veces
se lleva algún
tiempo. Amigos, quien sabe sacrificar, sabe esperar.
El tiempo determinado para la victoria también
es un sacrificio, y lo que importa es la certeza
de la victoria.
¡ No existe victoria sin sacrificio!
Secretos
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:: EL SACRIFICIO Parte
3 ::
Otro aspecto que
se debe notar es que nadie puede ser obligado a
hacer un sacrificio,
porque tiene que ser espontáneo. La actitud
de ofrecer un sacrificio tiene que partir de la propia
persona, pues depende exclusivamente de su fe, y
Dios, a Su vez, jamás nos obliga a cualquier
cosa.
Si el Señor Jesús, por otro lado, sabia
que aquella viuda estaba dando todo su sustento, ¿por
qué no la impidió? Porque era la expresión
de fe de aquella mujer, y Él jamás
podría impedirla de hacer lo que estaba en
su corazón. Ella, seguramente, tenía
fe que Dios devolvería aquella cantidad multiplicada.
Si ella no tuviese la plena confianza de que Él
supliría todas sus necesidades, no habría
dado nada. Por lo contrario, estaría pidiendo
limosnas para aquellos hombres ricos, en la puerta
del Templo.
El sacrificio es, en realidad, algo muy difícil,
que llega a doler, pues exige abnegación total
y, al mismo tiempo, absoluta certeza del éxito.
Observemos que el propio Señor Jesús
es el mayor ejemplo de sacrificio. El hecho de que
Dios Lo envió para ser sacrificado muestra
Su total disposición de salvar la humanidad.
De la misma forma por la cual los animales, sacrificados
en el Antiguo Testamente, sustituían
a la persona que habí cometido pecados,
el Hijo de Dios rescató de la muerte
todos los seres humanos, porque Él nos
sustituyó, muriendo
por nosotros.
Todos saben que todo en esta vida tiene su
precio. El precio de nuestra salvación costó la
vida del Señor Jesús: Él nos
salvó sacrificándose a Si mismo.
Para mantener nuestra salvación, tenemos que
pagar nuestro propio precio: “El que no tome
su cruz y me siga, no es digno de mí”.
(Mateo 10:38).
Tomar la cruz y seguir a Jesús nada más
es que conservar la salvación, pagando a cada
día el precio de la renúncia de la
propia carne, o sea, de la propia voluntad. Eso es
sacrificio.
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:: EL
SACRIFICIO Parte
2::
Vamos a entender más profundamente lo que
quiere decir el sacrificio. El sacrificio, en realidad,
es una práctica común en todas las
religiones del mundo y en casi todo en la vida y,
significa, la renuncia voluntaria de alguna cosa
importante, en cambio de una cosa mucho más
importante. Podríamos decir, en un lenguaje
más claro, que es perder un poco ahora para
ganar mucho más después. En el mundo
de la fe, acostumbramos a decir que “el
sacrificio es la menor distancia entre el querer
y el realizar”.
Es realmente el precio de una gran conquista.
No podemos dejar de mencionar, que quien sacrifica
tiene la más absoluta certeza de que va a
conquistar algo de extremo malor. Eso caracteriza
la firmeza absoluta del carácter de quien
practica el sacrificio.
Todo y cualquier sacrificio tiene dos aspectos
principales: el espiritual y el físico. El primero está ligado
a la fe, pues esta es “la certeza de lo que
se espera, la convicción de lo que no se ve.” (Hebreos
11:1). Ningún sacrificio es realizado sin
la presencia de la fe: ella es la base fundamental
del propio sacrificio.
El aspecto físico, es el tamaño y la
calidad del sacrificio, que muestra el grado de fe
de la persona que sacrifica.
Vamos a entender bien esa cuestión de
la cantidad y la calidad. El Señor Jesús
nos da una gran lección en respecto a
eso:
“
Estando Jesús sentado delante del arca de
la ofrenda, miraba cómo el pueblo echaba dinero
en el arca; y muchos ricos echaban mucho. Y vino
una viuda pobre, y echó dos blancas, o sea
un cuadrante. Entonces llamando a sus discípulos,
les dijo: De cierto os digo que esta viuda pobre
echó más que todos los que han echado
en el arca; porque todos han echado de lo que les
sobra; pero ésta, de su pobreza echó todo
lo que tenía, todo su sustento.” (Marcos
12:41-44).
Con este hecho, el Señor Jesús mostró que
una gran cantidad no siempre es el mejor sacrificio.
Aquellos hombres ofrecieron una gran suma en dinero,
pero la viuda pobre verdaderamente ofreció un
sacrificio, porque dió todo lo que tenía,
todo su sustento, quedando en la total dependencia
de Dios; y fue exaltada por ello por el Señor,
delante de Sus discipulos.
Secretos
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:: EL
SACRIFICIO Parte
1::
En
la época correspondiente al Antiguo Testamento,
los hombres, en algunos casos, para que llegasen
a Dios, necesitaban presentarle animales, panes sin
levadura, de acuerdo con la finalidad de aquél
acto. Eran llamados de sacrificios.
Existían varios tipos de sacrificios. Algunos
eran ofrecidos a Dios con la intención de
conseguir el perdón de algún pecado
cometido; otros eran presentados en acción
de gracia – estos que eran hechos voluntariamente
eran llamados sacrificios pacíficos.
Para cada tipo de sacrificio había una ceremonia
específica, y Dios, generalmente, recibía
a todos. Cuando Dios envió a Su Hijo a este
mundo, la necesidad de sacrificar, como acontecía
con los antaños, fue extinta, pues Jesús
fue sacrificado, para que al hombre no le fuera necesario
sacrificar animales y otros elementos para alcanzar
el perdón de Dios y la reconcialiación.
Sin embrago, para que el hombre esté en plena
sintonía con Dios, necesita presentar constantemente,
sacrificios simbólicos. Pero, Qué son
sacrificios simbólicos?
Cuando escuchamos la Palabra de Dios, y aprendemos
que hay ciertos hábitos o actitudes que
tenemos que dejar, los cuales consideramos importantes
para
nosotros, sin embargo, aunque los consideremos
importantes los dejamos porque obedecemos voz de
Dios, en ese
momento, estamos sacrificando.
Si nuestro corazón está apegado a algo
o alguien, y la voz de Dios dice que debemos amar
a Él en primer lugar, si obedecemos, estamos
sacrificando.
Para cada persona Dios pide un sacrificio
diferente, pues Élsabe lo que cada uno de nosotros juzgamos
más valioso en nuestra vida.
El sacrificio simbólico significa, exactamente,
renunciar, delante del altar de Dios, aquello a lo
que está apegado mi corazón, el cual
puede estar apegado al dinero, una persona, un
bien material, etc...
Si realmente entregamos nuestra vida al
Señor
Jesús, tarde o temprano tendremos que sacrificar.
Secretos
del Altar/ Obispo Romualdo
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:: Palabra
de duda vs. Palabra de Dios::
El
problema de muchas personas ha sido la duda. En
el libro de San Marcos 5:21,22 está escrito: “Pasando
otra vez Jesús en una barca a la otra
orilla, se reunió alrededor de él
una gran multitud; y él estaba junto al
mar. Y vino uno de los principales de la sinagoga,
llamado Jairo; y luego que le vio, se postró a
sus pies.”
Aunque
Jairo fuese un hombre religioso, llegó a
la conclusión de que, ni su religión
o la posición que tenía como
uno de los principales de la sinagoga, le podría
conceder el milagro que necesitaba. Dejando
su creencia y su filosofía, Jairo fue
al encuentro del Señor Jesús
a buscar la solución de su problema. Él
no dejó que su religión impidiera
el milagro en su vida, como muchos lo hacen.
¿Cuántas son las personas que dicen: “yo
nací en tal religión y así me
voy a morir”, y por causa del orgullo,
no buscan a Jesús, el Único
que puede cambiar la situación, y
continúan
con el problema? Sin contar aquellas que
dicen: “¿qué van
a pensar de mí si voy a la iglesia?
Me van a llamar de loco, de fanático.” Y,
por lo que van a pensar los demás
o por culpa de la religión, permanecen
sufriendo. Jesús no es una religión.
Nuestro objetivo no es sacar a nadie de su
religión.
Nuestro objetivo es mostrar a un Dios que
funciona, un Dios vivo, que puede cambiar
la vida de todos
aquellos que Lo buscan.
Jairo
dejó su “religión” de
lado y fue hasta Jesús porque quería
la solución de su problema. La Biblia
dice así: “y le rogaba mucho,
diciendo: Mi hija está agonizando;
ven y pon las manos sobre ella para que
sea salva, y vivirá.” (Marcos
5:23). Había en el corazón
de Jairo una certeza que el Señor
Jesús
podría impedir que lo malo aconteciera.
La niña estaba por morir y su fe
fue mayor que la muerte.
“
Mientras él aún hablaba, vinieron
de casa del principal de la sinagoga, diciendo:
Tu hija ha muerto; ¿para qué molestas
más al Maestro?” (Marcos 5:35).
En otras palabras, vino un incrédulo y
dijo: “Jairo, tu hija ya murió,
ya no hay nada que hacer, Jesús no puede
más traer la vida de tu hija de regreso.” Es
necesario tener mucho cuidado con lo que se escucha,
porque el éxito, en todos los
sentidos, depende de la palabra que se
escucha, la cual
puede llevar a grandes conquistas o grandes
fracasos.
Cuantas
veces estamos llenos de fe y de certeza, y alguien
nos dice una
palabra negativa.
Por causa de esa palabra, disminuimos
el
ritmo
de tal forma, que llegamos a estar
estáticos.
La fe ya no funciona, nos enfriamos,
y aun siendo religiosos, todo continúa
saliendo mal. Por causa de una palabra.
Filtre
las palabras que escucha. Aunque salgan de una
persona de Dios. A
veces, en aquel
momento, la persona no está en
la misma fe que usted.
Jesús
no hizo caso a las palabras de aquel incrédulo,
y nosotros debemos hacer lo mismo. La palabra que
debemos hacer caso es la
de Dios. Jairo escuchó al
incrédulo,
pero entró por un oído
y salió por
el otro. Tal vez usted se pregunte: “hago
todo bien, voy a la iglesia, he
permanecido en la presencia de
Dios, pero mi vida no cambia. ¿Cuál
es el problema?”.
La
duda es el problema. A veces dudamos de la Palabra
de Dios y hacemos
caso a la de los incrédulos. Jesús
le dijo a Jairo: “No temas, cree solamente.” (Marcos
5:36), y él mantuvo la fe en aquella promesa.
La Palabra de Dios llegó a su corazón
y él creyó. En ningún momento
dudó. Eso es lo que tenemos que hacer,
pues el milagro depende de esa actitud.
“
Y se burlaban de él. Mas él, echando
fuera a todos, tomó al padre y a la madre
de la niña, y a los que estaban con él,
y entró donde estaba la niña.” (Marcos
5:40). En aquel ambiente solo podían entrar
los de la fe. “Y tomando la mano de la
niña, le dijo: Talita cumi; que traducido
es: Niña, a ti te digo, levántate.” (Marcos
5:41). Y la niña que estaba muerta revivió.
Mantenga esa creencia
en su corazón, aunque
lo que usted escuche sea contrario a su fe. Continúe
creyendo. ¡Ciertamente usted vencerá!.
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