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“Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo…”

 

Así, de acuerdo con las palabras del Señor Jesús, escritas en el libro del apóstol Juan, capítulo 10, versículo 9, “Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo…”, el obispo dijo que quien pase a través de Jesús encontrará el Reino de los Cielos.

“Dios desea que usted esté dentro de Su Reino y ese es el motivo por el cual usted está en la iglesia. Él también desea mostrarle una puerta para entrar a este Reino, porque uno sólo será feliz cuando esté en el Reino de Dios. Esa puerta es el Señor Jesús. Si usted está sufriendo, es porque todavía no pasó por esta puerta".

 

  • Obispo Romualdo

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:: Si yo creo, voy a actuar, voy a poner mi fe en práctica ::

 

"Jairo, uno de los principales de la sinagoga, se había dado cuenta que ni su religión ni nadie podía solucionarle el problema, sólo Jesús.


Sea usted religioso o no, si tiene un problema, no creo que por causa de su religión vaya a dejar de solucionarlo.


Cuando hay un problema buscamos una solución, y hay una promesa que dice que Jesús puede darnos esa solución. Si yo creo, voy a actuar, voy a poner mi fe en práctica, de la misma forma que Jairo.


Esa fe tiene que estar en su mente, no en su corazón, así será más fuerte que cualquier sentimiento y le dará la respuesta”

 

  • Obispo Romualdo

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:: El espíritu de la Fe::

Existe el espíritu de la Fe, que hace que uno tome actitudes y use la fe. Por ejemplo, si usted buscó la ayuda de los espíritus e hizo lo que le mandaban, usted tomó una actitud de fe en el mal.


Yo no puedo decir que creo en Dios y no hacer nada, y quedarme esperando que las cosas me lleguen a las manos o dependiendo de alguien.


Sin embargo, también hace falta la confianza, porque si aparecen las dudas no habrá bendiciones.


Cuando Pedro comenzó a caminar sobre las aguas, tomó una actitud de fe, porque Jesús lo llamó y él obedeció; pero cuando las olas crecieron, él tuvo miedo, o sea, no confió y se hundió.


¿ Cómo confiar en alguien que no conozco? Para confiar en Dios, primero hay que conocerlo”.

 

  • Obispo Romualdo

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:: ¿Todos los que tienen salud o dinero tienen a Dios?::

“¿Todos los que tienen salud o dinero tienen a Dios? No, pero todos los que caminan con Dios tienen salud y son prósperos.

Jesús dijo: “No os afanéis por vuestra vida, qué comeréis; ni por el cuerpo, qué vestiréis. La vida es más que la comida, y el cuerpo que el vestido” (Lc. 12:22-23).


La preocupación es ansiedad, una señal de duda, y donde hay duda no hay fe. La fe viene de Dios, y la duda, del diablo. Uno viene a la Iglesia y recibe un espíritu de fe; pero aún dentro de la iglesia, viene el diablo y pone dudas.

Ahí empieza el conflicto entre dos voces, dos palabras, una de fe y una de duda. ¿Cuál de las dos va a prevalecer? Nadie es culpable de su fracaso, cada uno es responsable por su destino. Si escucho la voz de Dios y la pongo en práctica, venceré; si pongo en práctica la del diablo, voy a fracasar”.

  • Obispo Romualdo

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:: El valor que tiene un encuentro con Dios ::

La Biblia dice que el Reino de Dios es como un tesoro escondido, que un hombre encontró. Él se puso contento por haberlo encontrado y con alegría fue hasta su casa y vendió todo para tenerlo.


Él tuvo que pagar un precio para seguir con ese tesoro. ¿Quién es el tesoro? Jesús; es un tesoro que uno no ve, pero cree que existe y quiere encontrarlo.


Si usted no tiene trabajo, y encuentra uno, se pondrá muy contento, pero su encuentro con Jesús lo va a dejar más contento todavía.


Quizás no tiene casa o pareja; sin embargo, cuando los encuentre estará muy feliz; pero el encuentro con Dios lo dejará aún más feliz, porque nada se compara con la alegría de encontrar a Jesús”.

 

  • Obispo Romualdo

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:: ¿Usted es de Dios? ::

Ser una persona buena y caritativa no significa ser de Dios. Muchos son “buenos” pero viven en un infierno de problemas, que sólo podrán enfrentar y solucionar una vez que hayan recibido el Espíritu Santo...

Es muy importante tener el Espíritu Santo, porque el hecho de ser bueno no quiere decir que Dios está con uno. Las personas piensan que Dios está con ellas por la caridad que hacen y no es así. Hay muchas personas buenas, que hacen caridad; sin embargo, su vida es un infierno.


La Biblia dice que “… si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él” (Romanos 8:9). Todo aquel que no tiene el Espíritu Santo no es de Dios, y si no soy de Dios, pertenezco al mal… Por eso la gente sufre de ansiedad, preocupación, miedo, desesperación…

Donde hay duda están estos síntomas y estas personas dependen de otros para tener una dirección, luchan pero no tienen certeza de que van a vencer, son personas tristes.


Sin embargo, la persona que tiene el Espíritu Santo no tiene miedo; puede preocuparse, pero confía en Él, Lo consulta, busca Su dirección para hacer las cosas. Igual vamos a pasar por problemas, pero con Él somos más que vencedores.


¿ Qué falta en su vida? Quizás tenga todo, pero sigue vacío en su interior, falta el Espíritu Santo.


Jesús dijo: “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba” (Juan 7:37). El Espíritu Santo desea darle el agua de la vida; pero primero, usted tiene que tener sed… Con el Espíritu Santo, tendrá alegría en su interior y cuando los problemas lleguen, Él le dará fuerzas para superarlos.

 

  • Obispo Romualdo

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:: LA FE ::

No todos los que tienen fe la practican, pero todos los que viven por la fe la ponen en práctica.


Cuando lo hacemos, todos los problemas, aunque sean grandes, son resueltos, porque la fe es el propio Dios actuando”.

Esta diferencia es fundamental en la vida de las personas: “Muchos creen en Dios mientras está todo bien; pero cuando vienen los problemas aparece la desesperación, el miedo. Yo debo asumir mi fe, pase lo que pase, debo permanecer de pie, si no, mi fe será inconsciente, mentirosa, y no podemos ser de esa forma.


La fe consciente es la fe que se mantiene, independientemente de las circunstancias. No todos los que están en la iglesia tienen esta fe, pero quienes la tienen, vencen”.

  • Obispo Romualdo

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LA FUERZA DE DIOS EN NOSOTROS
La fe que existe dentro de nuestro corazón tiene que ser colocada en práctica. Fue Dios quien la colocó para que hagamos uso de ella. Con esa fe, podemos hacer cualquier cosa. Nadie nos impedirá de obtener victorias.

De repente, usted puede estar enfrentando el mayor problema. Hablando en términos espirituales, usted puede estar frente a un monstruo de siete cabezas, frente a un gigante, como estuvo el rey David.
La Biblia describe que David era apenas un muchacho cuando enfrentó al gigante Goliat. Entonces, la fuerza no está en el brazo, sino, en el corazón y la mente de la persona. David tenía esa fuerza, era el poder de Dios manifestado dentro de él.

El texto bíblico narra que el gigante afrentaba y amenazaba al ejército de Israel. Entre los hombres, aún entre aquellos con toda la experiencia de guerra, no había ninguno, siquiera, con el valor de enfrentarlo. Todos tenían miedo.

Cuando David tomó conocimiento de la afrenta a la tropa de Israel, resolvió luchar contra el gigante Goliat. Él solo tomó ésta decisión porque tenía la certeza en su corazón, de que Dios estaba con él. “El Señor, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo.” (1 Samuel 17:37). David tomó su cayado y escogió cinco piedras, las cuales puso en su alfolí de pastor. Tomando su honda, compareció delante del giante filisteo, diciendo: “El Señor te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré, y te cortaré la cabeza, y daré hoy los cuerpos de los filisteos a las aves del cielo y a las bestias de la tierra; y toda la tierra sabrá que hay Dios en Israel.” (1 Samuel 17:46).

Esa es la certeza que debemos tener. De repente, su problema, ó su gigante, es económico, familiar, sentimental o una enfermedad. No importa. Dios lo hace pequeño, indefenso e impotente. El Espíritu Santo nos concede una fe viva en el corazón que es el arma capaz de vencer ese gigante. Todos los gigantes. Aquél que quiere vencer no se puede quedar de brazos cruzados. Nunca. Debe hacer uso de ese poder de Dios manifestado en nuestro interior, que es la fe.

David no tuvo miedo. Él tomó una actitud: luchó y mató al gigante. Es eso lo que tenemos que hacer. Tenemos que enfrentar los problemas.

Utilice las armas de la fe. Sea como David. Usted lucha, usted vence. Siempre.
  • Secretos del Altar/ Obispo Romualdo

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:: EL SACRIFICIO (FINAL)::

Todo lo que somos, lo que pretendemos ser y lo que pensamos o hacemos debe ser para la gloria de nuestro Señor Jesucristo.


De hecho, esta es la instrucción que la Palabra de Dios nos da:
“ Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.” (Filipenses 4:8)


Esto es mucho más que creer en Dios; es mucho más que practicar una religión; es vivir en ofrenda viva y contínua al Señor Jesús, a cada momento de la vida, colocándose como templo vivo, para habitación del Espiritu Santo.


Una vida santificada es la ofrenda más perfecta delante de Dios.


El Señor dijo para Abraham: “Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí y sé perfecto.” (Génesis 17:1)


En resumen, debemos dar lo mejor, en todo lo que hacemos, lo que es, en realidad, una ofrenda de sacrificio.

 

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:: EL SACRIFICIO Parte 6::

Muchos, equivocadamente, piensan que al dar ofrendas en la iglesia le están haciendo un favor al pastor, lo que apenas muestra una gran falta de conocimiento de la Palabra de Dios, que dice: “Más bienaventurado es dar que recibir.” (Hechos 20:35)


No es el ministro de Dios que va a disfrutar de las consecuencias de la ofrenda, sino, el mismo ofrendante, porque al presentar su ofrenda en el altar, está aproximándose de Dios y permitiendo la propagación del Evangelio.


Es por eso que la ofrenda no puede ser “cualquier cosa”, o aquello que no hace diferencia para quien ofrece. Tiene que haber temor en el corazón del ofrendante, pues, la ofrenda no es ofrecida al sacerdote, sino, a Dios.


Es imposible no haber retorno espiritual y económico para la persona que da la ofrenda, cuando su ofrenda está de acuerdo con la voluntad de Dios. Y la ofrenda, no es necesariamente dinero, pero todo lo que se dedica a Dios, por más simple que sea. Es ahí que el corazón de cada persona es revelado.

 

Secretos del Altar/ Obispo Romualdo

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:: EL SACRIFICIO Parte 5::

Cuando la persona ofrece un sacrificio verdadero en el altar del Señor, aquél sacrificio intercede continuamente en su favor, delante de Dios.


El sacrificio realmente garantiza el éxito, pero para que la persona llegue al punto de hacer su verdadero sacrificio, necesita vencer antes la barrera de las dudas en respecto a su propia fuerza.


Para los que creen que no tienen fuerzas para sacrificar, la Palabra de Dios dice: “Diga el débil: ¡fuerte soy!” (Joel 3:10); “Todo lo puede en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13).


¿ Qué sacrificios podemos ofrecer? El sacrificio del Señor Jesús fue pleno, suficiente y perfecto, siendo realizado una única vez por todas. Por eso, ya no necesitamos ofrecer animales, como acontecía en el Antiguo Testamento.
Pero Él mismo nos enseña que la vida cristiana implica renuncias, lo que nos lleva a otras formas de sacrificios. El apóstol Pablo en su carta a los cristianos de la Iglesia de la ciudad Roma, dice: “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.” (Romanos 12:1).


Entonces, ¿cuáles son los sacrificios que agradan a Dios?
En primer lugar, el de nuestro cuerpo, o sea, de nuestra vida, nuestra fuerza, aquello que somos físicamente.


En segundo lugar, nuestro corazón: “Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.” (Salmos 51:17).


En tercer lugar, nuestras renuncias personales. El Señor Jesús dejó claro que nuestra entrega debe ser total: “Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.” (Lucas 14:33).

Secretos del Altar/ Obispo Romualdo

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:: EL SACRIFICIO Parte 4::

Lo que acontece con la mayoría de las personas, es que desean seguir el camino más fácil. Hay aún aquellas que se preocupan más con el precio que hay que pagar que con lo que se quiere conquistar.


Para éstas, la Biblia afirma: “El que al viento observa, no sembrará; y el que mira a las nubes, no segará.” (Eclesiastés 11:4).


Quien apenas mira la dificultad del sacrificio, jamás obtendrá cualquier éxito en la vida, porque siempre le faltará valor para sacrificar.


¡ Una gran conquista exige un gran sacrificio!


No existe sacrificio “más o menos”: o la persona se lanza, con convicción y valor, de cuerpo, alma y espíritu, o entonces no debe ni siquiera intentar hacer nada.
Es como cuando vamos a una tienda a comprar un determinado producto. Para adquirirlo, necesitamos pagar el precio que está estipulado. Nunca podremos pagar “más o menos”, porque el vendedor jamás venderá el producto “más o menos”.


Muchos, a su vez, argumentan que no siempre el sacrificio trae una respuesta inmediata; a veces se lleva algún tiempo. Amigos, quien sabe sacrificar, sabe esperar. El tiempo determinado para la victoria también es un sacrificio, y lo que importa es la certeza de la victoria.


¡ No existe victoria sin sacrificio!

 

Secretos del Altar/ Obispo Romualdo

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:: EL SACRIFICIO Parte 3 ::

Otro aspecto que se debe notar es que nadie puede ser obligado a hacer un sacrificio, porque tiene que ser espontáneo. La actitud de ofrecer un sacrificio tiene que partir de la propia persona, pues depende exclusivamente de su fe, y Dios, a Su vez, jamás nos obliga a cualquier cosa.


Si el Señor Jesús, por otro lado, sabia que aquella viuda estaba dando todo su sustento, ¿por qué no la impidió? Porque era la expresión de fe de aquella mujer, y Él jamás podría impedirla de hacer lo que estaba en su corazón. Ella, seguramente, tenía fe que Dios devolvería aquella cantidad multiplicada. Si ella no tuviese la plena confianza de que Él supliría todas sus necesidades, no habría dado nada. Por lo contrario, estaría pidiendo limosnas para aquellos hombres ricos, en la puerta del Templo.


El sacrificio es, en realidad, algo muy difícil, que llega a doler, pues exige abnegación total y, al mismo tiempo, absoluta certeza del éxito.
Observemos que el propio Señor Jesús es el mayor ejemplo de sacrificio. El hecho de que Dios Lo envió para ser sacrificado muestra Su total disposición de salvar la humanidad.


De la misma forma por la cual los animales, sacrificados en el Antiguo Testamente, sustituían a la persona que habí cometido pecados, el Hijo de Dios rescató de la muerte todos los seres humanos, porque Él nos sustituyó, muriendo por nosotros.


Todos saben que todo en esta vida tiene su precio. El precio de nuestra salvación costó la vida del Señor Jesús: Él nos salvó sacrificándose a Si mismo.
Para mantener nuestra salvación, tenemos que pagar nuestro propio precio: “El que no tome su cruz y me siga, no es digno de mí”. (Mateo 10:38).


Tomar la cruz y seguir a Jesús nada más es que conservar la salvación, pagando a cada día el precio de la renúncia de la propia carne, o sea, de la propia voluntad. Eso es sacrificio.

 

Secretos del Altar/ Obispo Romualdo

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:: EL SACRIFICIO Parte 2::


Vamos a entender más profundamente lo que quiere decir el sacrificio. El sacrificio, en realidad, es una práctica común en todas las religiones del mundo y en casi todo en la vida y, significa, la renuncia voluntaria de alguna cosa importante, en cambio de una cosa mucho más importante. Podríamos decir, en un lenguaje más claro, que es perder un poco ahora para ganar mucho más después. En el mundo de la fe, acostumbramos a decir que “el sacrificio es la menor distancia entre el querer y el realizar”. Es realmente el precio de una gran conquista.


No podemos dejar de mencionar, que quien sacrifica tiene la más absoluta certeza de que va a conquistar algo de extremo malor. Eso caracteriza la firmeza absoluta del carácter de quien practica el sacrificio.


Todo y cualquier sacrificio tiene dos aspectos principales: el espiritual y el físico. El primero está ligado a la fe, pues esta es “la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.” (Hebreos 11:1). Ningún sacrificio es realizado sin la presencia de la fe: ella es la base fundamental del propio sacrificio.


El aspecto físico, es el tamaño y la calidad del sacrificio, que muestra el grado de fe de la persona que sacrifica.


Vamos a entender bien esa cuestión de la cantidad y la calidad. El Señor Jesús nos da una gran lección en respecto a eso:
“ Estando Jesús sentado delante del arca de la ofrenda, miraba cómo el pueblo echaba dinero en el arca; y muchos ricos echaban mucho. Y vino una viuda pobre, y echó dos blancas, o sea un cuadrante. Entonces llamando a sus discípulos, les dijo: De cierto os digo que esta viuda pobre echó más que todos los que han echado en el arca; porque todos han echado de lo que les sobra; pero ésta, de su pobreza echó todo lo que tenía, todo su sustento.” (Marcos 12:41-44).


Con este hecho, el Señor Jesús mostró que una gran cantidad no siempre es el mejor sacrificio. Aquellos hombres ofrecieron una gran suma en dinero, pero la viuda pobre verdaderamente ofreció un sacrificio, porque dió todo lo que tenía, todo su sustento, quedando en la total dependencia de Dios; y fue exaltada por ello por el Señor, delante de Sus discipulos.

 

Secretos del Altar/ Obispo Romualdo

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:: EL SACRIFICIO Parte 1::

En la época correspondiente al Antiguo Testamento, los hombres, en algunos casos, para que llegasen a Dios, necesitaban presentarle animales, panes sin levadura, de acuerdo con la finalidad de aquél acto. Eran llamados de sacrificios.
Existían varios tipos de sacrificios. Algunos eran ofrecidos a Dios con la intención de conseguir el perdón de algún pecado cometido; otros eran presentados en acción de gracia – estos que eran hechos voluntariamente eran llamados sacrificios pacíficos.


Para cada tipo de sacrificio había una ceremonia específica, y Dios, generalmente, recibía a todos. Cuando Dios envió a Su Hijo a este mundo, la necesidad de sacrificar, como acontecía con los antaños, fue extinta, pues Jesús fue sacrificado, para que al hombre no le fuera necesario sacrificar animales y otros elementos para alcanzar el perdón de Dios y la reconcialiación.


Sin embrago, para que el hombre esté en plena sintonía con Dios, necesita presentar constantemente, sacrificios simbólicos. Pero, Qué son sacrificios simbólicos?


Cuando escuchamos la Palabra de Dios, y aprendemos que hay ciertos hábitos o actitudes que tenemos que dejar, los cuales consideramos importantes para nosotros, sin embargo, aunque los consideremos importantes los dejamos porque obedecemos voz de Dios, en ese momento, estamos sacrificando.


Si nuestro corazón está apegado a algo o alguien, y la voz de Dios dice que debemos amar a Él en primer lugar, si obedecemos, estamos sacrificando.
Para cada persona Dios pide un sacrificio diferente, pues Élsabe lo que cada uno de nosotros juzgamos más valioso en nuestra vida.


El sacrificio simbólico significa, exactamente, renunciar, delante del altar de Dios, aquello a lo que está apegado mi corazón, el cual puede estar apegado al dinero, una persona, un bien material, etc...


Si realmente entregamos nuestra vida al Señor Jesús, tarde o temprano tendremos que sacrificar.

Secretos del Altar/ Obispo Romualdo

 

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:: Palabra de duda vs. Palabra de Dios::

El problema de muchas personas ha sido la duda. En el libro de San Marcos 5:21,22 está escrito: “Pasando otra vez Jesús en una barca a la otra orilla, se reunió alrededor de él una gran multitud; y él estaba junto al mar. Y vino uno de los principales de la sinagoga, llamado Jairo; y luego que le vio, se postró a sus pies.”

Aunque Jairo fuese un hombre religioso, llegó a la conclusión de que, ni su religión o la posición que tenía como uno de los principales de la sinagoga, le podría conceder el milagro que necesitaba. Dejando su creencia y su filosofía, Jairo fue al encuentro del Señor Jesús a buscar la solución de su problema. Él no dejó que su religión impidiera el milagro en su vida, como muchos lo hacen.

¿Cuántas son las personas que dicen: “yo nací en tal religión y así me voy a morir”, y por causa del orgullo, no buscan a Jesús, el Único que puede cambiar la situación, y continúan con el problema? Sin contar aquellas que dicen: “¿qué van a pensar de mí si voy a la iglesia? Me van a llamar de loco, de fanático.” Y, por lo que van a pensar los demás o por culpa de la religión, permanecen sufriendo. Jesús no es una religión. Nuestro objetivo no es sacar a nadie de su religión. Nuestro objetivo es mostrar a un Dios que funciona, un Dios vivo, que puede cambiar la vida de todos aquellos que Lo buscan.

Jairo dejó su “religión” de lado y fue hasta Jesús porque quería la solución de su problema. La Biblia dice así: “y le rogaba mucho, diciendo: Mi hija está agonizando; ven y pon las manos sobre ella para que sea salva, y vivirá.” (Marcos 5:23). Había en el corazón de Jairo una certeza que el Señor Jesús podría impedir que lo malo aconteciera. La niña estaba por morir y su fe fue mayor que la muerte.

“ Mientras él aún hablaba, vinieron de casa del principal de la sinagoga, diciendo: Tu hija ha muerto; ¿para qué molestas más al Maestro?” (Marcos 5:35). En otras palabras, vino un incrédulo y dijo: “Jairo, tu hija ya murió, ya no hay nada que hacer, Jesús no puede más traer la vida de tu hija de regreso.” Es necesario tener mucho cuidado con lo que se escucha, porque el éxito, en todos los sentidos, depende de la palabra que se escucha, la cual puede llevar a grandes conquistas o grandes fracasos.

Cuantas veces estamos llenos de fe y de certeza, y alguien nos dice una palabra negativa. Por causa de esa palabra, disminuimos el ritmo de tal forma, que llegamos a estar estáticos. La fe ya no funciona, nos enfriamos, y aun siendo religiosos, todo continúa saliendo mal. Por causa de una palabra.

Filtre las palabras que escucha. Aunque salgan de una persona de Dios. A veces, en aquel momento, la persona no está en la misma fe que usted.

Jesús no hizo caso a las palabras de aquel incrédulo, y nosotros debemos hacer lo mismo. La palabra que debemos hacer caso es la de Dios. Jairo escuchó al incrédulo, pero entró por un oído y salió por el otro. Tal vez usted se pregunte: “hago todo bien, voy a la iglesia, he permanecido en la presencia de Dios, pero mi vida no cambia. ¿Cuál es el problema?”.

La duda es el problema. A veces dudamos de la Palabra de Dios y hacemos caso a la de los incrédulos. Jesús le dijo a Jairo: “No temas, cree solamente.” (Marcos 5:36), y él mantuvo la fe en aquella promesa. La Palabra de Dios llegó a su corazón y él creyó. En ningún momento dudó. Eso es lo que tenemos que hacer, pues el milagro depende de esa actitud.
“ Y se burlaban de él. Mas él, echando fuera a todos, tomó al padre y a la madre de la niña, y a los que estaban con él, y entró donde estaba la niña.” (Marcos 5:40). En aquel ambiente solo podían entrar los de la fe. “Y tomando la mano de la niña, le dijo: Talita cumi; que traducido es: Niña, a ti te digo, levántate.” (Marcos 5:41). Y la niña que estaba muerta revivió.


Mantenga esa creencia en su corazón, aunque lo que usted escuche sea contrario a su fe. Continúe creyendo. ¡Ciertamente usted vencerá!.

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